En Argentina, la empanada se posiciona como el segundo plato típico, siendo un símbolo de la rica cultura culinaria del país.
Las empanadas tienen un fuerte impacto cultural y económico, con un consumo que asciende a 10 millones de unidades diarias en el territorio nacional, destaca Diego Dávila, Director de la Escuela Profesional de la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (APYCE).
Pero este fenómeno no se limita a fronteras locales; las empanadas argentinas conquistaron paladares en todo el mundo, desde Francia hasta Japón y de Estados Unidos a Australia, llevadas muchas veces por argentinos que, con nostalgia y espíritu emprendedor, han decidido compartir un pedazo de su patria en tierras lejanas.
Empanadas salteñas en Estocolmo
Entre las historias de éxito que subrayan la universalidad de la empanada, se destaca la de Juan Ignacio López, un joven emprendedor que junto a sus socios Daniel Mansilla y Juan Esteban Sosa (también chef de la marca) llevaron este platillo a Estocolmo, Suecia. Arrancó como con un modesto servicio de “ghost kitchen” (delivery) donde vendía empanadas argentinas los fines de semana. Este concepto capturó el interés local rápidamente, lo que lo llevo a evolucionar hacia la apertura de “Salta Pizza”, que dentro de muy pocos días cumple 4 meses.
¿Por qué eligieron ese nombre? Porque Salta es una provincia asociada a las empanadas y “salta” sígnica en sueco “Salar la comida o ponerle sal a la comida”. Hoy sirve una variedad de empanadas que satisfacen tanto a paladares tradicionales como veganos, demostrando la versatilidad y el amplio atractivo de este plato desconocido hasta ese momento en Suecia.
La historia de este proyecto no es solo un testimonio del potencial de la empanada como modelo de negocio, sino también de cómo la gastronomía puede ser un puente cultural. A través de “Argentinska Stockholm IF”, un club de fútbol para emigrantes argentinos creado por un grupo de amigos argentinos, logró unir a la comunidad argentina en Suecia, demostrando que la comida y el deporte pueden ser poderosos vectores de integración y amistad.