Metán

EDITORIAL: ¿Es Federico Delgado el problema, o nuestra propia resistencia a la ley?

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El inicio del ciclo lectivo en San José de Metán no solo trajo el guardapolvo blanco y el reencuentro en las aulas; trajo consigo un choque de realidades que nos obliga a mirarnos de frente. El operativo de tránsito desplegado por la Subsecretaría de Seguridad desnudó una fractura profunda en nuestra comunidad: la resistencia visceral de un sector de la ciudadanía a aceptar que vivir en sociedad implica, necesariamente, someterse a normas comunes.

Hoy, en las calles de Metán se vivieron dos realidades. Por un lado, un intento de ordenamiento técnico que busca lo más elemental: que un niño no muera atropellado en la puerta de su escuela. Por el otro, el avance de quienes parecen haber decidido que su comodidad personal está por encima del derecho de todos a una convivencia segura.

¿El problema es Federico Delgado?

Resulta tentador, y hasta cómodo, personalizar el conflicto en la figura de un funcionario. Es más fácil señalar con el dedo a quien intenta aplicar la ley que hacer el ejercicio de autocrítica frente al espejo. Pero la pregunta es otra: ¿Es el control lo que nos molesta, o es nuestra propia incapacidad de ser ciudadanos responsables?

El problema real no es una gestión ni un nombre propio. El problema es el acostumbramiento a la ilegalidad. Nos hemos acostumbrado tanto a la transgresión pequeña —el «son dos minutitos», el «acá siempre se hizo así»— que, cuando alguien intenta trazar una línea de orden, lo sentimos como una agresión personal.

Hoy, quienes ganaron las calles con insultos o rebeldía ante la norma no están peleando por su libertad; están peleando por el derecho a la barbarie. Están pretendiendo sumir a toda la ciudad en un caos donde rige la ley del más fuerte o del más audaz.

¿Qué sociedad queremos para nuestros hijos?

Esa es la pregunta que debe retumbar en cada hogar de Metán. No podemos pretender que los niños sean ciudadanos íntegros si, al llevarlos a la escuela, sus propios padres les dan el ejemplo de la desidia y el desprecio por la autoridad.

La seguridad vial no es una cuestión de recaudación ni de caprichos políticos; es, literalmente, una cuestión de vida o muerte. El respeto por las reglas de tránsito es la herramienta fundamental para preservar vidas.

Invitamos a la reflexión profunda. La «civilización» que pedía Delgado no se construye con multas, se construye con conciencia. Metán está en una encrucijada: o avanzamos hacia una ciudad ordenada, solidaria y previsible, o nos dejamos arrastrar por aquellos que prefieren vivir fuera de la ley, condenándonos a todos a un caos permanente.

La respuesta no está en la oficina de un funcionario. Está en la capacidad de aceptar que como ciudadanos tenemos derechos, pero también, responsabilidades.

¿De qué lado de la historia queremos estar?

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