El avance del «Stunt» en Metán y el peligro de confundir destreza con imprudencia
Lo que los jóvenes llaman «Stunt» (o «Stout» en la jerga callejera) se ha convertido en un dolor de cabeza para los vecinos y las autoridades de seguridad en San José de Metán. Bajo el lema «No somos delincuentes», grupos de motociclistas organizan caravanas para este domingo, desafiando no solo la ley de tránsito, sino también el sentido común.
Una imagen comenzó a circular con fuerza en las redes sociales locales: un grupo de jóvenes sosteniendo un pasacalles con la leyenda «Stunt no es delito #NoSomosDelincuentes». La movida, organizada por grupos como «Stunt San José de Metán» y «Stunt 420 Metán», tiene como objetivo una reunión masiva este domingo para practicar piruetas y maniobras extremas en motocicletas.
Sin embargo, detrás de la bandera del «deporte», se esconde una realidad que las áreas de seguridad miran con alarma: la vía pública y las rutas no son un circuito, y la delgada línea entre el hobby y la tragedia se cruza a diario en las calles.
¿Qué dice la Ley en Salta?
Es necesario ser claros para evitar confusiones: si bien practicar una disciplina no es un delito penal, realizar maniobras peligrosas en la vía pública es una infracción grave a la Ley Provincial de Seguridad Vial y puede encuadrarse en el Código Penal.
Circular en una sola rueda (wheelie), conducir sin ambas manos en el manubrio o realizar zigzagueos peligrosos son conductas estrictamente prohibidas en calles y rutas. El Código Penal sanciona a quienes participan en pruebas de destreza con vehículos motorizados sin autorización, ya que ponen en riesgo la vida de terceros.
Los practicantes de Stunt argumentan que se trata de una disciplina de equilibrio y control. Pero el deporte extremo, para ser tal, requiere ambientes controlados, protecciones reglamentarias y seguros.
Lo que se observa frecuentemente en Metán dista mucho de ser profesional: jóvenes circulando sin casco, con escapes libres que generan contaminación sonora y realizando maniobras en zonas transitadas. La consigna de «no somos delincuentes» pierde peso cuando la práctica se basa en el desprecio por las normas de tránsito que protegen a toda la comunidad.
Aquí es donde la responsabilidad social debe golpear la puerta de cada hogar. Detrás de cada joven que «tira un corte» o levanta su moto en la avenida, hay una familia que permite que la moto salga a la calle en condiciones antirreglamentarias.
Desde las áreas de seguridad local se ha confirmado que se reforzarán los controles. El objetivo no es «perseguir» el entusiasmo juvenil, sino evitar que la próxima noticia sea un parte médico de gravedad.
El Stunt puede ser una pasión, pero la calle es de todos. Si los jóvenes quieren ser respetados como deportistas, el primer paso es respetar la vida propia y ajena.