El relato económico del gobierno de Javier Milei insiste en vender una estabilización macroeconómica que, cuando se la analiza en detalle, deja al descubierto su verdadero motor: un violento e implacable ahogo financiero a las provincias argentinas. La premisa del «no hay plata» se ha transformado en un mecanismo de asfixia discrecional donde el Ejecutivo nacional utiliza los recursos públicos como un látigo político, forzando al interior profundo a pagar el costo de un superávit fiscal tan celebrado en Buenos Aires como padecido en el norte del país.
El último informe de las transferencias nacionales desnudó por completo esta estrategia con un dato contundente: durante el pasado mes de mayo, la Casa Rosada y el Ministerio de Economía de la Nación no repartieron un solo peso en Aportes del Tesoro de la Nación (ATN) entre las provincias argentinas. Esta sequía forzada registró cero pesos distribuidos bajo este concepto, una decisión política de pisar fondos que históricamente se utilizaron para asistir a los distritos ante emergencias o desequilibrios financieros, dejando hoy a las administraciones provinciales al borde del abismo operativo.
La ilusión de Ganancias y la realidad del ajuste
Desde el oficialismo centralista intentarán maquillar la realidad mostrando el repunte de las transferencias automáticas, que en mayo crecieron un 8,1% real interanual impulsadas exclusivamente por el vencimiento del Impuesto a las Ganancias para Sociedades. Sin embargo, este alivio es una bocanada de aire efímera en medio de un incendio. Mientras el cobro excepcional a las empresas salvó las papas en mayo, el IVA —el termómetro real del consumo de la gente de a pie— continuó su preocupante derrumbe con una caída interanual del 9,5%. La actividad económica se desploma y la recaudación genuina va detrás.
Para colmo, la motosierra no golpea a todos por igual. Los recortes perpetrados a mediados de mayo mediante la decisión administrativa 20/2026 recortaron de un plumazo $320.711 millones del área de «Relaciones con las Provincias» del Ministerio del Interior, afectando principalmente las partidas de asistencia financiera y ATN. Los fondos discrecionales que sí se ejecutaron se concentraron de manera casi exclusiva en sostener parches obligatorios como la Jornada Extendida escolar, las Cajas de Jubilaciones no transferidas y los Comedores Escolares. Es decir, la Nación solo transfiere lo mínimo indispensable para evitar un estallido social en las escuelas y comedores del interior, desentendiéndose del desarrollo estructural.
Salta, en la cola del reparto y con las obras al hombro
Este modelo de centralismo porteño golpea con especial dureza a nuestra provincia. En el reparto de la coparticipación de mayo, Salta se ubicó en el penúltimo lugar de crecimiento del país, registrando apenas un leve +7,4% real interanual debido al fuerte impacto de la baja en las compensaciones del Consenso Fiscal. Mientras otras jurisdicciones lograron captar mejores porcentajes, Salta quedó relegada al final de la fila junto a Buenos Aires.
Este ahogo financiero obliga a las administraciones locales a realizar piruetas presupuestarias inéditas para resguardar la vida de los ciudadanos. Un claro ejemplo de esta alarmante asimetría ocurre con la Ruta Nacional 9/34, la tristemente célebre «ruta de la muerte». A pesar de tratarse de un corredor de jurisdicción y responsabilidad netamente nacional por donde circulan más de 6.000 vehículos diarios, el abandono y la parálisis estatal obligaron al gobierno provincial a firmar un convenio excepcional con Vialidad Nacional.
Para que las máquinas no se detengan en este junio de 2026 y se sigan perdiendo vidas, Salta debe asumir de forma excepcional con sus propios recursos —esos mismos que la Nación recorta— el pago de certificados de obra y anticipos financieros. Es la foto perfecta de la era Milei: un interior que recibió cero pesos de ATN en mayo y debe autofinanciar la infraestructura federal básica, mientras la Casa Rosada acumula excedentes financieros a costa del abandono de las rutas, los hospitales y la conectividad del norte profundo.