La implementación del Plan Güemes, dirigido por la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, ha intensificado el conflicto en la frontera norte de Salta, particularmente en Orán, donde la actividad de los bagayeros —trabajadores informales que cruzan mercadería desde Bolivia— se encuentra bajo estricta vigilancia. En el marco de este operativo, la Ruta Nacional 50, a la altura de la segunda entrada a Orán, ha sido escenario de graves enfrentamientos que dejaron un saldo de un muerto y cuatro heridos.
Una trabajadora de la zona, quien lleva años dedicándose a esta actividad, expresó su indignación ante la situación actual. «Es lamentable que tengamos que llegar a esto. No hay una organización por parte del gobierno para que nosotros podamos trabajar de manera ordenada», declaró.
La mujer describió cómo los trabajadores de la frontera enfrentan no solo las inclemencias del trabajo diario, sino también el acoso de diferentes actores que exigen pagos indebidos. «Es un sacrificio enorme. Dejamos a nuestras familias, invertimos lo poco que tenemos, y nos encontramos rezando para llegar a casa con lo que llevamos. El joven que falleció era una persona humilde, como la mayoría de nosotros», agregó.
Una actividad en la mira
El Plan Güemes, que busca reforzar el control en la frontera para combatir el narcotráfico, ha intensificado la presencia de fuerzas de seguridad en la zona. Sin embargo, los bagayeros denuncian que las medidas afectan principalmente a los trabajadores informales y no a los verdaderos responsables del tráfico ilegal. «Nos llaman narcos, pero no saben lo que realmente hacemos. Los narcotraficantes no viven en pisos de tierra ni cargan las bolsas ellos mismos», manifestó la trabajadora.
La mujer también señaló la falta de herramientas adecuadas para un control eficaz y justo. «Si Nación invirtiera en un escáner gigante, todos podríamos pasar por ahí sin problemas. Lo que hay ahora no es suficiente, y mientras tanto, nos siguen quitando nuestras cosas», reclamó.
El problema trasciende a los bagayeros y afecta a toda la cadena económica de la frontera. Desde los vendedores de jugos hasta quienes cruzan mercadería de menor valor, todos se ven perjudicados por los controles y la creciente inseguridad. «Esto no es una guerra contra los narcos, es contra los trabajadores. Sabemos que la droga pasa por otros lados, pero nos perjudican a nosotros, los que trabajamos día a día», enfatizó.
El conflicto sigue escalando, con advertencias de nuevas protestas tras el entierro del joven fallecido. Los bagayeros piden un marco regulatorio que les permita trabajar sin ser señalados ni hostigados. «No decimos que no nos controlen, pero necesitamos organización. Es una lucha diaria que afecta a nuestras familias y nos llena de impotencia», concluyó.