El costo de vida continúa sumando presiones sobre la economía doméstica en Salta. Tras aplicar una nueva suba del 19% al inicio de noviembre, el precio de la garrafa de 10 kilos trepó hasta alcanzar los $27.500 en los puntos de distribución, encendiendo la alarma entre los miles de hogares que dependen exclusivamente del gas envasado para cocinar y cubrir necesidades esenciales.
Este ajuste se suma al incremento del 5% registrado en octubre, consolidando un bimestre de marcado encarecimiento en el sector.
Las causas detrás de las subas
El sostenido aumento responde de forma directa a la reconfiguración del esquema energético nacional y la eliminación de las subvenciones que contenían las tarifas al consumidor. Con los precios liberados y atados a referencias internacionales, el valor final en mostrador no solo refleja el costo de la materia prima, sino también el impacto de la logística, el mantenimiento de envases y la estructura operativa necesaria para sostener la actividad comercial.
Si bien a lo largo de 2026 el sector alternó etapas de aumentos significativos con lapsos breves de estabilidad e incluso bajas puntuales, la tendencia general mantuvo una curva alcista que castigó el poder adquisitivo.
Frenazo en la demanda
El constante salto tarifario ya comenzó a modificar los hábitos de compra. Fuentes comerciales del sector advirtieron que la demanda se encuentra estancada: las familias cuidan al extremo el rendimiento del gas y miden con mayor rigurosidad el momento de recargar, a diferencia de épocas anteriores donde el gasto no resultaba tan gravoso en el presupuesto mensual.
Paradójicamente, pese a la retracción en las ventas individuales, el mercado local experimentó la incorporación de nuevos comerciantes y puntos de venta dedicados a la comercialización de gas licuado de petróleo (GLP), en un escenario donde el volumen comercializado resulta clave para la subsistencia de las distribuidoras.