Metán

Huellas imborrables en la infancia: se jubiló María Eugenia Rodríguez tras casi 36 años dedicados a la docencia

Entre lágrimas, abrazos y un profundo agradecimiento comunitario, la querida seño «Maru» se despidió de las aulas tras cerca de cuatro décadas de servicio. Docente de alma y defensora incansable de la educación pública, deja un legado de amor en los jardines que tuvieron la dicha de tenerla, donde generaciones de alumnos y familias aprendieron a volar bajo su abrazo protector.

Publicado

de

Hay maestras que enseñan a jugar, leer y escribir, y hay maestras que enseñan a vivir sintiéndose abrazado. María Eugenia Rodríguez, conocida entrañablemente por toda la comunidad como la seño «Maru», pertenece a ese segundo grupo de docentes cuya vocación trasciende las aulas. Tras cumplir casi 36 años de servicio dedicados por completo a la educación inicial, la directora del Núcleo 38 de Nivel Inicial de San José de Metán, le dijo adiós a las aulas en un acto de despedida cargado de profunda emoción, lágrimas compartidas y recuerdos que apretaron el corazón de todos los presentes.

A lo largo de su extensa trayectoria, Maru se convirtió en el pilar fundamental del desarrollo pedagógico y humano de cientos de niños en los jardínes Gral. Manuel Belgrano y Marco Avellaneda. Su compromiso no se limitó únicamente al cuidado diario en las salas; fue también una incansable luchadora por la dignidad de sus instituciones. Como referente del área, lideró con firmeza el reclamo por la construcción del nuevo edificio para el Jardín Belgrano, una obra vital que actualmente se encuentra paralizada desde diciembre de 2023 con un 40% de avance debido a la suspensión de la obra pública nacional, y por la cual Maru no dejó de alzar la voz hasta el último día de su gestión.

Ese compromiso inquebrantable y su calidez humana hicieron que el acto de su jubilación no fuera una despedida formal más, sino una verdadera fiesta del afecto popular. Hasta la Escuela Gral. Manuel Belgrano se acercaron no solo autoridades y colegas, sino también exalumnos que hoy, convertidos en adultos, quisieron estar presentes para agradecerle por la marca imborrable que dejó en sus historias personales. En uno de los momentos más conmovedores de la jornada, un joven recordó cómo Maru trascendía el rol de educadora cuando las contingencias de la vida golpeaban a sus pequeños, relatando cómo, cuando su abuela no podía ir a buscarlo al jardín, la directora lo llevaba a su propia casa y lo hacía sentir parte de su familia.

La despedida de María Eugenia Rodríguez deja un vacío en las salas, pero también la certeza de que la docencia cuando se ejerce con verdadera vocación se transforma en un arte de amor eterno. Más allá de los contenidos pedagógicos, de los diseños curriculares y de las paredes institucionales, existen maestras que enseñan con el alma y que, por esa entrega genuina, perdurarán para siempre en la memoria y el corazón de cada persona que tuvo la bendición de recibir su enseñanza.

Espacio publicitario

+ Leídas

Salir de la versión móvil