Ni los espionajes internacionales ni las grandes intrigas de estado: la última gran investigación en los pasillos de la Casa Rosada involucra a la infusión matutina de la prensa acreditada. El pasado 1 de septiembre de 2026, los cronistas ingresaron a la Sala de Periodistas listos para encarar la rutina diaria y se topardón con una escena digna de una película de misterio de bajo presupuesto: cajones revueltos, agendas desordenadas, lapiceras fuera de lugar y, lo más grave, ¡el botín del desayuno había desaparecido!
Los ladrones no dejaron rastro aparente tras llevarse cuatro cajas de leche, dos paquetes de yerba mate y una preciada taza con el logo del medio periodístico Corta. Aunque el robo de la taza indignó profundamente a sus dueños en el plano afectivo, la vajilla se salvó de quedar registrada formalmente en el listado inicial de la denuncia judicial, que se enfocó en el kit lácteo-yerbatero.
Lejos de tomarlo como una simple travesura de pasillo, la situación escaló a niveles insospechados. El propio vocero presidencial, Adrián Ravier, confirmó que se radicó una denuncia en la Justicia Federal. Para dar con el «fantasma de la yerba», se movilizó a la Casa Militar y a la Policía Federal Argentina, cuyos peritos tomaron testimonios y buscaron huellas dactilares (sí, rastros papiloscópicos) en los muebles de la sala.