La reciente sesión del Concejo Deliberante de San José de Metán dejó mucha tela para cortar, no solo por la aprobación de la Emergencia Socioeconómica, Productiva y Laboral, sino por las posturas que quedaron expuestas en el recinto. En un contexto donde el sector mercantil local se encuentra asfixiado, el voto negativo de los concejales de La Libertad Avanza (LLA), María Vanega y Francisco Dávalos, abre un interrogante necesario.
El presidente de la Cámara de Comercio, Miguel Morales, fue claro: el sector no pide milagros, pide alivio. Solicitó condonación de deudas y créditos a tasa baja, herramientas que la emergencia ahora permitiría gestionar. Sin embargo, para los representantes libertarios, acompañar esta medida parece haber sido interpretado como una contradicción a su manual partidario nacional.
Esto nos lleva a un debate profundo: ¿es la «libertad de mercado» una solución cuando el pequeño comerciante debe competir en desigualdad de condiciones contra gigantes importadores o ferias itinerantes que no tributan en la ciudad? Para muchos, el rechazo a la emergencia suena más a una «libertad de fundirse» en soledad que a una defensa de la autonomía individual.
Más que una crítica cerrada, la postura de Banega y Dávalos debería ser una invitación a que expliquen a la ciudadanía cómo se protege el empleo local desde el rechazo a las herramientas de auxilio municipal. Si el municipio tiene la posibilidad de palear la situación, ¿por qué negarle ese marco legal?
La abstención de Sonia Villa también se suma a esta zona gris de la política local que, ante una crisis calificada como «terrible» por los propios protagonistas, prefiere no comprometer el voto.
Metán necesita representantes que, más allá de sus banderas políticas, logren interpretar el termómetro de la calle. El comercio es el motor de la ciudad y hoy está «golpeado», según las propias palabras de Morales. Exponer la decisión de los concejales libertarios no es un ataque, es poner sobre la mesa la necesidad de discutir si en situaciones extraordinarias, la política no debería dejar de lado el libreto nacional para salvar, al menos, el mostrador del vecino.