Metán

La seño Eli se despide, pero sus historias y sus abrazos quedan para siempre

La seño Eli se jubiló tras 38 años de trabajo en la Escuela Belgrano de Metán. Durante ese tiempo, enseñó a muchas generaciones y dejó su marca en cada alumno que pasó por sus aulas.

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Este lunes fue un día especial en la Escuela «Gral. Manuel Belgrano”, una de las instituciones más emblemáticas de la ciudad de Metán, donde generaciones enteras cursaron sus primeros pasos en la educación formal. Se vivió una jornada cargada de emoción con la despedida de la maestra Elizabeth Aragañaráz, conocida y querida por todos como la seño Eli, quien culminó su carrera docente tras 38 años de servicio ininterrumpido.

El acto, que tuvo lugar en el edificio centenario que está próximo a cumplir 125 años, fue sencillo pero profundamente emotivo. Compañeras, alumnos, directivos y familiares acompañaron a la docente en su último día frente a las aulas, donde tantas veces enseñó no solo contenidos curriculares, sino también valores, gestos y actitudes que trascienden la tarea escolar.

“Estoy cayendo recién en la cuenta de que no voy a volver más a la escuela, por lo menos como seño. Es un paso más en la vida, uno atraviesa tantos recuerdos, tantos momentos lindos, otros tristes, y llega este instante en el que hay que despedirse”, expresó conmovida.

La docente ingresó al sistema educativo siendo muy joven. “Tenía aproximadamente 20 años cuando decidí ser maestra. Soñaba con cambiar el mundo a través de la educación”, recordó. A lo largo de su carrera, transitó por distintos grados, aunque en su mayoría trabajó en el primer ciclo: primero, segundo y tercer grado. En los últimos años, también se desempeñó en sexto y séptimo.

“Siempre traté de dar lo mejor, porque si no entregás el corazón en lo que hacés, no te va bien. La vocación me ayudó en muchos aspectos de mi vida. Me doy cuenta hoy de que cumplí con aquello que me propuse cuando comencé: educar, enseñar, y puedo decir con certeza que ser docente es la mejor profesión del mundo”, afirmó.

Con el paso del tiempo, su figura se volvió parte del alma institucional de la Escuela Belgrano. Los que pasaron por sus aulas la recuerdan con afecto, y muchos padres la reconocen también por haber educado a sus hijos. “Uno nunca se olvida de las maestras de la primaria. Así como nos marcaron a nosotros, yo espero haber dejado una linda huella en algunos corazoncitos”, dijo con humildad.

La seño Eli se despide formalmente de su tarea frente al aula, pero deja tras de sí una trayectoria que sigue viva en la memoria de cientos de alumnos, hoy ya adultos, que aprendieron con ella a leer, escribir y también a ser personas. “Es un egreso laboral”, expresó, con claridad y serenidad. “Y como todo tiene su tiempo, seguramente me dedicaré a otros proyectos”.

La Escuela Belgrano, institución cabecera de Metán, fue testigo de su entrega, de su vocación y del compromiso con el que transitó casi cuatro décadas en la enseñanza. En tiempos donde la figura del maestro cobra un valor esencial para el tejido social, la seño Eli representa el ejemplo silencioso pero firme de quienes eligieron enseñar como modo de vida.

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