Salta

Las «Fuerzas del Cielo» no alcanzan: El giro pragmático de Milei que ahora ama el financiamiento subsidiado

Pese al discurso libertario de libre mercado y la crítica constante a las herramientas de incentivo artificial, el Gobierno nacional recurre a las cuotas sin interés para intentar reanimar un sector textil asfixiado. En Salta, los comerciantes advierten que el costo de la financiación recae sobre sus espaldas en un contexto de ventas nulas y presión impositiva asfixiante.

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El panorama en las vidrieras es el reflejo de una contradicción política y una urgencia económica. Mientras el presidente Javier Milei sostiene su bandera de no intervención estatal, la realidad del mercado interno ha forzado la reaparición de herramientas que el propio mandatario solía tildar de «populistas»: las 12 cuotas sin interés.

Este giro en la estrategia económica busca desesperadamente reactivar el consumo de indumentaria, un sector que hoy atraviesa uno de sus inviernos más crudos, no solo por el clima, sino por la parálisis total de las ventas. Sin embargo, lo que para el consumidor parece un alivio, para el comerciante local representa un nuevo desafío logístico y financiero.

La realidad del sector textil es crítica. Los comerciantes aseguran que han llegado a un techo donde ya no pueden reducir más sus márgenes de ganancia. «Nosotros no somos formadores de precios y sufrimos la peor parte, porque no podemos bajar más allá del costo», señaló un comerciante, marcando la distancia entre los grandes industriales y el eslabón final de la cadena de ventas.

A pesar de la retórica libertaria que prometía alivio al sector privado, los comerciantes aseguran que la presión del Estado sigue siendo el principal verdugo. «Si no nos bajan los impuestos, aunque sea un poco a nivel municipal, provincial y nacional, nos matan. Hoy estamos sufriendo las consecuencias con ventas nulas», advirtieron.

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La paradoja es clara: un gobierno que propone la libertad de mercado termina recurriendo a programas de cuotas financiadas —históricamente asociados a gestiones anteriores— para evitar el colapso del consumo masivo.

El comportamiento del salteño promedio también ha mutado ante la crisis. El efectivo y las transferencias han pasado a un segundo plano, dejando a la tarjeta de crédito como la única balsa de salvación. «Ya casi no se paga en efectivo. La gente elige financiar», detallaron, indicando que el invierno es la última esperanza del rubro antes de que lleguen las liquidaciones post Día del Padre.

En este escenario, el regreso de las 12 cuotas funciona como un respirador artificial para un comercio que, entre el idealismo político y la necesidad de caja, solo busca sobrevivir a la temporada.

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