Las palabras que abren mundos: la Escuela Estrada y la Escuela Evita transformaron el amor de «Niac Tité» en una lección de inclusión para Metán
En el marco de la Semana de la Educación Especial, las docentes de la Escuela Especial Evita N.º 7049 y la comunidad de la Escuela N.º 5003 José Manuel Estrada llenaron de color y empatía las puertas de la institución a partir del libro de María Herrera. En una profunda lección de amor, la comunidad metanense abraza el universo de Caín para convertir su silencio en un mensaje transformador.
Hay silencios que conmueven, pero hay gestos que logran pronunciar lo que la voz no alcanza. En una de sus últimas entrevistas brindadas a Salta Sur, la escritora metanense María Herrera confesó un anhelo que guarda en lo más hondo de su corazón: el deseo de escuchar, algún día, a su hijo Caín (quien presenta autismo severo no verbal) decirle la palabra «mamá».
Tal vez Caín no pueda articular esa palabra con la voz, pero en los pasillos de la Escuela N.º 5003 José Manuel Estrada, la comunidad educativa y las docentes de la Escuela Especial Evita N.º 7049 encontraron la forma de traducir ese sentimiento. A través de un proyecto artístico y pedagógico desplegado durante la Semana de la Educación Especial, las puertas de las aulas se llenaron de vida, color y sentido, ilustrando los capítulos y personajes de «Niac Tité», la obra donde María creó un idioma y un universo a la medida de su hijo.
Quizás estas puertas pintadas, este esfuerzo colectivo y esta lección de empatía sean, precisamente, las palabras de Caín que María tanto anhelaba escuchar. Niac Tité —que al leerse de atrás hacia adelante revela el nombre de su hijo— ha comenzado a trascender las páginas de un libro para pertenecer a toda una sociedad que hoy abraza e intenta comprender esos universos distintos, pero no por eso menos importantes.
Un puente de empatía pintado en cada aula
El recorrido por la institución fue una lección viva de integración. Las docentes de la Escuela Evita que lideraron y entregaron su corazón a este proyecto —Angélica Meza, Araceli Francés, Guadalupe López, Cecilia Bellassai, Natalia Tolosa y Rosa Castaño— junto a los profesores y alumnos de los turnos tarde y vespertino de la Escuela Estrada, transformaron el espacio escolar en un mensaje de amor y respeto por la diversidad.
«Para nosotros, las puertas pintadas no significan un cierre, sino una puerta que se abre de par en par hacia la inclusión. Cada personaje de la obra nos deja una enseñanza: el gusanito Olivio con dislexia, la hojita Verdecita con cuadriplejia y discapacidad auditiva comunicándose en lenguaje de señas, o el propio Niac Tité, que cambia de tonalidad azul según sus emociones. A través del arte, los alumnos aprendieron a ponerse en el lugar del otro y a valorar cada forma de sentir», expresaron emocionadas las educadoras.
Uno de los rincones más conmovedores del colegio quedó inmortalizado en la puerta de la biblioteca, donde estudiantes de 3.º y 6.º año plasmaron la esencia de esta causa: «En mi universo, tan distinto al tuyo pero no menos importante, en la diversidad de mi mundo azul te abrazo con una sonrisa inocente».
De la historia de un hijo al abrazo de un pueblo
Durante su visita a la institución, la propia María Herrera no pudo contener las lágrimas al ver cómo el universo que diseñó para proteger y comprender a su hijo cobraba vida en las manos de tantos niños y jóvenes de Metán. La iniciativa no solo visibilizó la condición del espectro autista y la discapacidad, sino que motivó a los propios estudiantes a compartir sus vivencias familiares, abriendo sus corazones a la aceptación mutua.
Con el valioso acompañamiento del equipo directivo y el compromiso incondicional de los profesores, este proyecto deja una huella imborrable en la comunidad. Niac Tité ya no pertenece únicamente a su autora: hoy es el eco de un pueblo que aprende a escuchar con los ojos, a hablar con el corazón y a construir una sociedad donde todos los universos tengan el mismo lugar.