Luego de 30 años, Benetton vendió sus 900.000 hectáreas y se va de Argentina
Tras más de 30 años de presencia en el campo argentino, el poderoso holding italiano concretó su salida definitiva del país al transferir el control de la Compañía de Tierras Sud Argentino y Ganadera Cóndor. El desprendimiento del mayor paquete de tierras rurales de la Nación, equivalente a la superficie de Chipre y Puerto Rico juntos, se da en pleno debate por la vigencia de la Ley de Tierras.
El Grupo Benetton puso punto final a su presencia en el negocio agropecuario argentino. Tras más de tres décadas de controlar extensiones descomunales de campo y liderar la producción de lana en el extremo sur del continente, el holding italiano cerró la venta de sus más de 900.000 hectáreas, sellando su retirada total y definitiva del país.
La salida se concretó mediante la transferencia de las dos únicas firmas rurales que el conglomerado de la familia italiana mantenía en suelo nacional: la emblemática Compañía de Tierras Sud Argentino (CTSA) y Ganadera Cóndor.
La adquisición de estos activos fue rubricada por un grupo integrado por accionistas y directores de la firma Adecoagro —liderados por Mariano Bosch—, quienes concretaron la operación a título personal y no a través de la compañía como persona jurídica. Para la conducción operativa local se dispuso la continuidad de Agustín Dranovsky al frente de la dirección ejecutiva.
Tres décadas como el mayor terrateniente privado del país
El repliegue de Benetton marca un hito en la historia de la propiedad rural en la Argentina. A través de CTSA, el holding europeo llegó a consolidarse como el actor con mayor tenencia territorial del país, acumulando una superficie repartida estratégicamente en cuatro distritos:
Santa Cruz: 60%
Chubut: 33%
Río Negro: 5%
Buenos Aires: 2% (en la zona bonaerense de Balcarce)
El interés de la familia italiana por la Patagonia comenzó en 1991, cuando incorporó estos campos a través de Edizione Holding —su brazo inversor global que factura unos 12.000 millones de euros anuales—. Durante más de 30 años, los establecimientos patagónicos funcionaron como el principal proveedor estratégico de lana para la cadena textil United Colors of Benetton.
La dimensión productiva que deja el grupo italiano es colosal: en los campos pastan 260.000 cabezas de ganado ovino y unas 22.000 vacunas, con una esquila anual de 80.000 animales que arroja cerca de 1 millón de kilos de lana. El paquete incluye además 10.000 hectáreas de explotación forestal de pinos, 7.500 hectáreas agrícolas, 700 hectáreas de forrajes y el control del frigorífico industrial Faimali, ubicado en Río Gallegos con capacidad de faena de 2.500 corderos por día.
Una historia centenaria y un contexto político al rojo vivo
La compañía que Benetton deja atrás acumula más de un siglo de tensiones históricas. Nació en 1889 como The Argentine Southern Land Company Limited con capitales británicos tras el financiamiento del ferrocarril entre Puerto Madryn y Trelew. Pasó por administraciones locales durante los años de la Guerra de Malvinas para esquivar expropiaciones, hasta que a comienzos de los noventa fue comprada por el emporio italiano.
El adiós de Benetton ocurre en un marco político y judicial sensible respecto a la soberanía territorial. Mientras la Cámara de Diputados de la Nación restituyó las restricciones a la extranjerización tras el intento del Ejecutivo nacional de liberar la tenencia foránea mediante el DNU 70/2023, la Corte Suprema de Justicia mantiene vigente una medida cautelar que frena la desregulación de la Ley de Tierras. En ese tablero de incertidumbre jurídica y disputas patrimoniales, la corona lanera de Benetton cerró su ciclo en suelo patagónico.