Mientras la mayoría de la comunidad descansaba para iniciar las ceremonias del Viernes Santo, el estruendo de un choque rompió el silencio de la madrugada en el barrio Nuevo Hogar. A las 02:00, un vehículo perdió el control en la calle Rivadavia e impactó violentamente contra una vivienda, provocando daños materiales de consideración y un susto mayúsculo para los residentes.
Al llegar al lugar, el personal policial constató que el conductor emanaba un fuerte aliento etílico. Al realizar el test de alcoholemia, el resultado fue contundente: 1.55 g/l de alcohol en sangre, una cifra alarmante que explica la peligrosidad de la maniobra en una zona residencial.
Este accidente se enmarca en un escenario político y social extremadamente delicado para la gestión del intendente José María Issa. Hace apenas dos días, se conoció la renuncia indeclinable de Federico Delgado como Subsecretario de Seguridad, el funcionario que contaba con el mayor respaldo vecinal por su política de «tolerancia cero» y ordenamiento vial.
La salida de Delgado no fue silenciosa: el exfuncionario radicó una denuncia penal tras sufrir un intento de atentado contra su vida, cuando un motociclista intentó atropellarlo para evadir un control. Este clima de violencia hostil hacia los agentes públicos parece haber calado hondo en la calle, donde el «descontrol» asoma nuevamente la cabeza.
El choque de esta madrugada en el barrio Nuevo Hogar funciona como una metáfora peligrosa: un conductor que ignora las leyes se lleva puesta la propiedad privada de un vecino. La pregunta que circula hoy es inevitable: ¿Vuelve el descontrol a Metán tras la salida de Delgado?
Sin un liderazgo firme en el área de Seguridad, los operativos de control corren el riesgo de perder efectividad ante un «descontrol» que parece ganar terreno. La renuncia de Delgado, motivada en parte por el estrés de enfrentar situaciones violentas sin el respaldo político suficiente, deja una vacante que el alcohol y la imprudencia ya están empezando a llenar.