Metán: Abel Altamirano y el reclamo que llegó a pie hasta Salta
Tras recorrer 140 kilómetros por la Ruta 9/34, el vecino metanense fue recibido por el titular de Aguas del Norte. Logró formalizar un expediente por la crisis hídrica y regresó con una promesa de obras, pero sobre todo, con el orgullo de sus hijas.
Hay acciones que nacen del hartazgo y se convierten en símbolos. La peregrinación de Abel Altamirano hacia Salta Capital no fue un acto de fe religiosa, sino un grito de auxilio por un derecho básico vulnerado: el acceso al agua potable. Tras décadas de desinversión que dejaron a San José de Metán sumida en una crisis de servicio y salud, Altamirano decidió que si el reclamo no era escuchado en la ciudad, él mismo lo llevaría caminando hasta el Grand Bourg.
Finalmente, la travesía tuvo su recompensa institucional. Altamirano fue recibido por Ignacio Jarsún, titular de Aguas Del Norte. Si bien el encuentro se hizo público a través de redes sociales con un tono de cordialidad, el vecino no se conformó con las fotos. Con la lucidez de quien conoce el peso de la burocracia, Abel exigió —y logró— ingresar su reclamo por mesa de entrada, asegurándose un número de expediente que deje constancia formal del pedido de todo un pueblo.
Esta reunión se suma al anuncio realizado la semana pasada por el Jefe de Gabinete, Sergio Camacho, quien confirmó al intendente José María Issa que Aguas del Norte trabajará en una nueva matriz de captación. El plan previsto para este 2026 busca poner operativos pozos existentes y construir nuevos puntos de extracción para paliar la escasez crítica.
En diálogo exclusivo con Salta Sur, Abel expresó su alivio tras reencontrarse con su familia. «Esto lo hice por el hartazgo que sufrimos todos los veranos. Nunca tenemos agua y la que sale es un atentado a la salud por su mala calidad», sentenció. Asimismo, desestimó los rumores que intentaban vincular su acción con aspiraciones políticas: «Siempre fui comprometido con mi comunidad, no me interesa llegar a ningún lado, mi único objetivo es ayudar».
Durante el trayecto, Altamirano no estuvo del todo solo. Agradeció profundamente el rol de la Policía Vial, cuyos efectivos lo escoltaron, brindándole seguridad y controles médicos para asegurar que su integridad física no corriera peligro bajo las inclemencias del tiempo y el asfalto.
Sin embargo, el combustible emocional que lo llevó a destino fue el apoyo de su propia sangre. Abel relató conmovido cómo sus hijas, mientras viajaban en colectivo hacia la capital, lo cruzaron caminando por la ruta. Lejos de la preocupación, el mensaje que ellas compartieron en sus estados de WhatsApp fue su mayor orgullo: «Este es mi papá, el que nunca va a dejar que vulneren los derechos de nadie».
«Eso es lo que a mí me dio fuerzas para llegar», concluyó Altamirano, el vecino que demostró que, a veces, para que las cosas se muevan, primero hay que empezar a caminar.