Metán, el lugar donde el Calvario se reza a caballo
Bajo el poncho salteño y el latir de un pueblo, la ciudad vivió un Viernes Santo inolvidable. El Vía Crucis Gaucho, ya reconocido en el calendario nacional, fue mucho más que una procesión: fue un abrazo colectivo entre la fe, la sangre de nuestra tierra y una identidad que no sabe de olvidos.
El sonar de los guardamontes y el galope de los caballos marcaron el pulso de una tarde donde el dolor del Calvario se fundió con el orgullo de la tierra. La XIV edición del Vía Crucis Gaucho no fue una procesión más; fue la confirmación de que en Metán, la fe tiene raíces profundas y un sentimiento patriótico inquebrantable.
Este 2026 quedará marcado en los libros de historia local. Por primera vez, el Gobierno Nacional incluyó oficialmente a esta celebración en su calendario turístico, reconociendo lo que los metanenses saben hace tiempo: que este despliegue de fe, tradición e identidad es un tesoro nacional que no tiene comparación.
La jornada rompió la barrera entre el espectador y el protagonista. En Metán, el pueblo no miró… caminó. La comunidad se fundió en un solo paso procesional, transformando las calles en un camino de devoción. Los artistas locales no actuaron; se entregaron, dejando el alma en cada representación, en cada gesto y en cada nota que acompañó el recorrido.
Detrás de esa cruz, custodiando cada estación con una solemnidad que eriza la piel, iban los gauchos, firmes, como en ningún otro lugar. Es que este Vía Crucis es único en el país: no existe otro rincón donde la fe y la identidad se mezclen de esta forma, donde la tradición salteña acompañe el dolor de Cristo y lo haga propio, vistiéndolo de poncho y coraje.
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El corazón de la representación volvió a latir con fuerza a través de Juani Vera, quien por segundo año consecutivo conmovió a todos los presentes. Su interpretación de Jesús, cargada de una entrega física y espiritual abrumadora, encontró el marco perfecto en el tradicional y emocionante relato de Mauro Villafañe.
La voz de Villafañe, guiando el calvario con una sensibilidad que caló hondo en los corazones, llevó a muchos de los presentes hasta las lágrimas. La combinación de la actuación de Juani y la narrativa de Villafañe logró un clima de recogimiento absoluto, donde el tiempo pareció detenerse en cada caída de la cruz.
La participación de las academias de danzas de la ciudad aportó una dimensión artística y coreográfica que enriqueció el relato sagrado, mientras que los fortines gauchos brindaron esa escolta de honor que es marca registrada de nuestra zona. Los pañuelos al viento y el zapateo respetuoso fueron, una oración corporal que reafirmó nuestra identidad.
El recorrido, que partió desde la Parroquia San José y culminó en el Paseo La Estación, demostró que Metán posee una joya cultural que trasciende las fronteras provinciales. El Vía Crucis gaucho en Metán, no es solo un acto religioso, es la expresión más pura de un pueblo que reza a caballo y que mantiene viva su historia en cada Viernes Santo.