Metán

Niños al volante: Crece la preocupación en Salta por la alarmante cantidad de menores en moto

El último fin de semana volvió a golpear la realidad del sur salteño con la crudeza de la que ya no podemos ser ajenos. Los menores al volante.

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El último fin de semana volvió a golpear la realidad del sur salteño con la crudeza de la que ya no podemos ser ajenos. Una vez más, las crónicas policiales se tiñeron de tragedia tras un gravísimo siniestro vial en Rosario de la Frontera, donde dos adolescentes de apenas 12 y 13 años terminaron internados con pronóstico reservado. El escenario del hecho fue la plaza principal; las consecuencias, un fuerte impacto de cabeza contra un banco de concreto. El factor común, que tristemente se repite en cada esquina, fue la ausencia absoluta del casco protector y la alarmante inacción de quienes debían cuidarlos.

Este caso, que mantiene en vilo a toda la región, no es un hecho aislado ni una simple fatalidad. Es el síntoma más feroz de una problemática estructural que cala hondo en el interior provincial: la peligrosa costumbre de ceder motocicletas a menores de edad, una práctica habitual que cuenta con el aval silencioso, y a veces explícito, de los propios adultos.

La advertencia de la Policía: «Los padres lo han naturalizado»

La gravedad de la situación actual fue ratificada de manera contundente por el comisario Adrián Sánchez Rosado, director de Seguridad Vial de la Policía de Salta. En declaraciones brindadas a El Once TV, el jefe policial expuso con preocupación la alarmante tendencia que las cuadrillas operativas detectan diariamente en los controles de las rutas y calles de la provincia.

«Hemos detectado que los padres han naturalizado darle una motocicleta a un menor de edad y las consecuencias se están viendo en las calles», advirtió con firmeza Sánchez Rosado.

El funcionario detalló que la falta de apego a las normas básicas de tránsito roza la impunidad en diversas localidades de la provincia como Joaquín V. González, Las Lajitas o Apolinario Saravia. Incluso, la realidad escolar expone el corazón del problema: «Se ha naturalizado ceder el tipo de vehículo también para que vayan a la escuela con conductores de 14 y 15 años», lamentó la autoridad vial, añadiendo que se han llegado a constatar situaciones extremas de niños de apenas 10 años al mando de un rodado.

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Las actas de infracción labradas de manera cotidiana por la fuerza no hacen más que reflejar una conducta negligente generalizada: «Prácticamente todas las infracciones las estamos detectando sin el casco protector colocado y sin las medidas o la documentación necesaria para circular», concluyó el director de Seguridad Vial.

Metán no es la excepción: Una alarma que nos toca de cerca

Esta preocupante radiografía que describe la Policía de Salta encuentra un eco inmediato y alarmante en San José de Metán. En nuestras calles, el debate ya no puede postergarse bajo la excusa de la comodidad familiar o las distancias cortas. Es común observar en los horarios de ingreso y salida escolar, o durante los fines de semana en los espacios públicos, a adolescentes maniobrando motocicletas de distintas cilindradas, y, casi de manera unánime, con el casco colgado del manubrio o directamente ausente.

La desaprensión de los progenitores se ha convertido en el principal motor de riesgo. Entregar las llaves de un vehículo motorizado a un niño que no cuenta con la madurez vial, la licencia habilitante ni la fuerza física para reaccionar ante una emergencia, no es una muestra de confianza ni un favor de transporte; es, lisa y llanamente, una negligencia que roza la criminalidad.

La calle no es un espacio de juego controlado. Cuando un menor de edad sufre un siniestro vial, la responsabilidad primaria no puede recaer únicamente en la falta de inspectores municipales o en el estado de las calzadas. El primer y más importante control debe nacer en el hogar.

La tragedia de Rosario de la Frontera, el dolor de las familias que hoy rezan por la recuperación de sus hijos y las constantes advertencias de las autoridades de seguridad vial deben funcionar como un límite definitivo. Es hora de cortar con la naturalización de una práctica que pone en jaque el futuro de los jóvenes.

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