Para leer

Psicología de los vínculos: el dolor silencioso de la mentira en el amor clandestino 

Una mirada clínica sobre el rol de “la otra persona” en relaciones marcadas por el engaño y el silencio.

Publicado

de

¿Por qué duele tanto la mentira en una relación afectiva? ¿Y por qué, incluso cuando alguien sabe que ocupa un lugar secundario en un vínculo clandestino, la desilusión lo atraviesa igual? Estas son algunas de las preguntas que propone el psicólogo Fernando Serrano Urdanibia en su columna titulada “El dilema del amante: ¿por qué duele tanto la mentira?”, una reflexión sobre las emociones invisibles en relaciones donde la figura del amante aparece como un tercero silenciado y muchas veces incomprendido.

Serrano Urdanibia, profesional con matrícula provincial N°1894, invita a repensar un fenómeno frecuente pero poco abordado sin juicio moral: las relaciones extramatrimoniales y las dinámicas psicológicas que se tejen en torno al ocultamiento, el deseo, el engaño y la espera. La columna no busca condenar ni justificar, sino comprender con profundidad la raíz del sufrimiento que muchas personas atraviesan en silencio.

Mentiras cotidianas y afectivas: una práctica común con alto costo emocional

Mentir es parte del comportamiento humano. Según plantea el psicólogo, las personas mienten por diversas razones, principalmente para evitar un conflicto o para obtener un beneficio emocional o material. Lo complejo aparece cuando esa conducta se vuelve sistemática dentro del vínculo de pareja.

Las mentiras reiteradas —en horarios, actividades, redes sociales o incluso en aspectos tan íntimos como el deseo sexual o el tiempo compartido— terminan por deteriorar los cimientos de una relación. Porque como señala el autor, una pareja basada en la falta de verdad carece de estructura emocional sólida, y cualquier fisura, por pequeña que sea, puede volverse irreversible.

El amante: entre el deseo, la exclusión y el autoengaño

Cuando el engaño se entrelaza con el amor clandestino, el dolor se multiplica. El Lic. Serrano Urdanibia analiza el rol del “amante”, una figura estigmatizada y señalada socialmente, pero pocas veces observada desde su dimensión emocional.

“La amante” —o “el amante”— es muchas veces despojado de toda humanidad y convertido en la encarnación del conflicto. Recibe culpas de todos los frentes; del cónyuge traicionado, del propio infiel y del entorno que, sin conocer los detalles, condena desde la moral colectiva. Sin embargo, hay muchas historias detrás de esa figura… personas que se enamoran, que creen en promesas que no se cumplen, que aceptan migajas afectivas esperando que en algún momento todo cambie.

El problema no es solo lo que se dice, sino lo que se calla”, afirma el psicólogo. Porque muchas veces, lo más doloroso no es la mentira evidente, sino las verdades a medias, las promesas aplazadas, las explicaciones que no llegan. Y en ese escenario, el amante puede sufrir tanto como quien es traicionado, incluso desde un lugar más solitario, porque carece del reconocimiento social y muchas veces debe ocultar su propio sufrimiento.

El peso del silencio y la contradicción interna

La columna recupera también algunas inquietudes frecuentes que expresan personas que se encuentran en esa posición de terceros:
¿Cuánto más debo esperar? ¿Debo forzar una decisión? ¿Me está diciendo la verdad o también me miente a mí? ¿Estoy siendo cómplice de una traición?

Este tipo de vínculos suelen estar marcados por una ambivalencia emocional. Hay deseo, pero también frustración. Hay intimidad, pero no legitimidad. Hay palabras dulces, pero escasez de hechos concretos. Y ese desequilibrio es el que muchas veces conduce a la angustia, la ansiedad o incluso a crisis personales profundas.

Mentiras como mecanismo, no siempre como maldad

Una de las ideas centrales de la columna es que la mentira, dentro del ámbito afectivo, no siempre proviene de la malicia, sino que muchas veces actúa como una estrategia defensiva. Las personas pueden mentir para evitar dañar al otro, para no afrontar una culpa, o incluso porque no saben cómo gestionar el conflicto.

Aun así, eso no reduce su efecto destructivo. Como cita el autor, “nadie tiene una memoria tan grande como para ser un buen mentiroso”, frase atribuida a Abraham Lincoln. Y en los vínculos humanos, la memoria es persistente; guarda fechas, gestos, contradicciones. Tarde o temprano, las mentiras salen a la luz, y el costo emocional suele ser más alto que el que se intentaba evitar al mentir.

¿Es la monogamia el único modelo posible?

La columna también introduce, sin imponer posturas, una reflexión sobre las formas de vincularse; si bien en nuestra cultura la monogamia es el modelo tradicional, existen estructuras amorosas alternativas —como la poligamia o el poliamor— que buscan establecer acuerdos distintos pero igual de válidos, siempre que se basen en la sinceridad y el consentimiento mutuo.

No obstante, en las relaciones clandestinas donde hay una parte que desconoce la existencia del otro vínculo, no se trata de un modelo consensuado, sino de una estructura desigual donde alguien queda excluido de la verdad. Ese desequilibrio es el que produce el dolor más agudo.

Comprender en lugar de juzgar

La propuesta del Lic. Fernando Serrano Urdanibia no es ni moralista ni superficial. Por el contrario, aborda con seriedad y sensibilidad un tema complejo, invitando a comprender antes que juzgar, a escuchar antes que acusar, y a mirar el sufrimiento que se esconde detrás de los roles sociales. Porque detrás de cada amante, de cada persona engañada y de cada mentiroso, hay una historia personal que merece ser entendida sin reduccionismos.

El amor, aun cuando nace en la sombra, deja marcas. Y el dolor que provocan las mentiras en cualquier tipo de vínculo afectivo es real, profundo y merece ser abordado con respeto. Porque en el fondo, como plantea el psicólogo, lo que más lastima no es lo que el otro hace… sino lo que no se atreve a decir.

+ Leídas

Salir de la versión móvil