La paciencia de la comunidad educativa del Jardín Manuel Belgrano se agotó. En una ruidosa pero pacífica movilización, padres y docentes alzaron la voz para denunciar el estado de abandono de su futuro edificio, una obra nacional que hoy es el símbolo de la incertidumbre en la obra pública.
Desde hace cuatro años, el jardín funciona en las instalaciones del NIDO, un espacio cedido por el intendente José María Issa. Sin embargo, lo que nació como una solución temporal se convirtió en una realidad precaria que ya afecta directamente el futuro de la institución.
La directora del núcleo educativo, María Eugenia Rodríguez, fue contundente al describir la situación: la obra civil se encuentra avanzada en un 60%, pero con el cambio de gestión en el Gobierno Nacional, el flujo de fondos se cortó totalmente y los trabajos se detuvieron.
«Desde hace dos años la institución va perdiendo la matrícula. Solo desde el año pasado hemos perdido más de 27 alumnos», lamentó la directiva. Según Rodríguez, si bien las familias valoran y sostienen la alta calidad educativa del jardín, las limitaciones físicas del espacio prestado terminan por desgastar a los padres, quienes deciden retirar a sus hijos en busca de edificios más adecuados.
La manifestación contó con un fuerte respaldo institucional. El intendente José María Issa, el diputado provincial Rodrigo García y la concejal Romina Barboza acompañaron la marcha, unificando el pedido hacia las autoridades nacionales.
Desde la dirigencia local recalcaron que el municipio ha hecho un esfuerzo por albergar a la institución, pero que la infraestructura cedida no reemplaza las necesidades pedagógicas de un edificio diseñado específicamente para el nivel inicial.
El reclamo es claro: que el Gobierno Nacional reactive las partidas presupuestarias para finalizar el 40% restante. Mientras la obra se deteriora a la intemperie, la comunidad educativa del Jardín Belgrano teme que el vaciamiento de la matrícula termine por herir de muerte a una de las instituciones más queridas de la ciudad.
«Los padres nos apoyan, pero no pueden esperar siempre. Necesitamos que el derecho a una educación digna se cumpla con ladrillos y techos terminados», concluyeron durante la protesta frente a la obra paralizada.