En su reciente columna profesional, el psicólogo Lic. Fernando Serrano Urdanibia abordó con rigurosidad una problemática cada vez más frecuente en la crianza actual; el uso indiscriminado del celular por parte de niños y niñas sin la supervisión de adultos. La reflexión, centrada en los peligros del acceso precoz a contenidos inadecuados, ofrece una mirada crítica y bien fundamentada sobre la falta de acompañamiento en la infancia frente a los dispositivos tecnológicos.
La temática, dividida en dos entregas, parte de un interrogante que interpela directamente a madres, padres y cuidadores: ¿qué ocurre cuando dejamos a nuestros hijos solos con un celular? En tiempos donde los dispositivos funcionan como herramientas de contención, distracción o recompensa, el profesional advierte que también pueden transformarse en canales de acceso a información inapropiada, sin filtro y sin guía.
Serrano Urdanibia expone que muchos menores acceden a material de contenido adulto, violento o sexual sin la presencia de una mirada adulta que los contenga o los ayude a interpretar lo que están viendo. “¿Se imaginan dejar a sus hijos solos en una plaza llena de desconocidos?”, plantea el especialista, comparando esa situación con la exposición libre a internet. A su criterio, se trata de una forma de abandono encubierto, aunque no intencionado, por parte de los adultos responsables.
Uno de los ejes centrales de la columna es la ausencia de educación sexual integral. El profesional remarca que, frente al silencio de las familias y de las instituciones educativas, los niños y adolescentes encuentran en la pornografía su primer contacto con la sexualidad. Y esa exposición, además de distorsionar los vínculos afectivos y el respeto por el cuerpo ajeno, genera conductas de riesgo difíciles de detectar a tiempo.
En ese sentido, la columna cita estudios como el informe de Save the Children (2020), que indica que los adolescentes acceden por primera vez a contenido pornográfico alrededor de los 12 años. En muchos casos, incluso antes. El 68% lo consume de forma frecuente, casi siempre a solas, desde el celular, y con acceso a material gratuito cuya mayoría exhibe escenas de violencia o desigualdad.
Uno de los casos clínicos relatados en el artículo ilustra la gravedad del problema. Se trata de una niña que, tras varios episodios de aislamiento y cambios de conducta, reveló en el espacio terapéutico que mantenía conversaciones sexuales con adultos a través de un juego en línea. El acceso se produjo sin ninguna intervención de los mayores a cargo y bajo la apariencia de una aplicación “infantil”, aparentemente segura.
Serrano Urdanibia destaca que el uso de tecnología debe ser acompañado por la presencia activa de los adultos. “Ningún filtro reemplaza una conversación”, sostiene. Para ello, recomienda hablar abiertamente con los hijos, acompañarlos en el uso de dispositivos y no delegar la educación en la pantalla. Cita además a especialistas como Erika Lust y Lynn Dobner, quienes, a través del proyecto The Porn Conversation, promueven guías para padres sobre cómo abordar estos temas con naturalidad, desde el respeto y el conocimiento.
La columna también recupera las recomendaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría, que sugiere evitar completamente el uso de pantallas hasta los 2 años, y luego limitarlo según la edad, priorizando siempre el acompañamiento adulto y los contenidos de calidad.
Finalmente, el licenciado concluye que la tecnología, lejos de ser el problema, es una herramienta que puede ser útil o nociva según el uso que se le dé. La clave, insiste, está en la presencia real de los adultos, en su capacidad de guiar, observar y educar, y en la convicción de que el vínculo con los hijos no puede ser reemplazado por ninguna aplicación ni configuración de seguridad.
“La mejor protección no está en un dispositivo, sino en el vínculo”, resume el profesional en su columna, que busca generar conciencia, reflexión y responsabilidad en las prácticas cotidianas de crianza.