Luego del encuentro mantenido en Buenos Aires con el jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli, y gobernadores del Norte Grande, el mandatario salteño Gustavo Sáenz brindó una contundente entrevista al periodista Eduardo Feinmann en la que reflejó su creciente malestar con la gestión central.
Consultado sobre si sentía que se le había agotado la paciencia con el Ejecutivo nacional, el Gobernador fue tajante: «La paciencia se va agotando cuando vemos esta hipocresía y esta falta de consideración y reciprocidad para con los gobernadores que acompañamos, que ayudamos y que entendemos que tenemos los mismos problemas».
«La lealtad es una avenida de ida y vuelta»
Sáenz remarcó que las provincias no están solicitando dádivas, sino el cumplimiento de acuerdos previamente alcanzados e inversiones financiadas mediante organismos internacionales: «No estamos pidiendo nada. Los créditos se pagan, son de organismos multinacionales. Pedimos definiciones que se cumplan, lo que acordamos y lo que hablamos».
Feinmann preguntó si percibía una actitud desleal por parte de las autoridades nacionales, y el mandatario salteño utilizó una metáfora directa: «Yo siempre dije que la lealtad es una avenida de ida y vuelta, y siento que venimos siempre y nunca vuelven para allá».
Rechazo a los recortes en discapacidad y equilibrio social
Durante el reportaje, Sáenz ratificó la postura de su administración respecto a los debates legislativos en el Congreso de la Nación, diferenciándose del oficialismo nacional en materia de contención social.
«En la Ley de Emergencia de la Discapacidad no vamos a acompañar, porque entendemos que a los sectores más vulnerables y golpeados de la sociedad debemos acompañarlos y ayudarlos. Hay que buscar que el equilibrio fiscal que tanto se defiende vaya acompañado de un equilibrio social», aseveró, señalando que las irregularidades deben corregirse mediante auditorías y no con recortes indiscriminados.
Finalmente, el mandatario analizó las dificultades macroeconómicas y la falta de inversiones en el país, vinculándolas a la inestabilidad política y a la brecha ideológica: «La gente no quiere volver al pasado, pero tampoco está conforme con el presente. La falta de confianza y de seriedad hace que no lleguen las inversiones. No podemos estar discutiendo todo el tiempo si es Milei o Cristina; tenemos que definir qué país le mostramos al mundo para que la microeconomía, el consumo y las exportaciones finalmente arranquen».