Santiago Caputo apeló a la ironía y el esoterismo para amortiguar el impacto del triunfo de Lula en Brasil
El principal estratega del gobierno de Javier Milei buscó neutralizar las lecturas políticas tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro. Entre burlas a analistas, alusiones místicas sobre su presunta capacidad de «ver el futuro» y chicanas a la oposición, el asesor evidenció la incomodidad del oficialismo argentino ante el escenario regional.
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil expuso las grietas del relato oficialista en la Argentina y obligó a sus principales espadas digitales a desplegar un operativo de control de daños. Mientras el presidente Javier Milei optó por un llamativo silencio institucional —limitándose a publicar placas críticas en Instagram—, su asesor estrella, Santiago Caputo, recurrió a las redes sociales con una ráfaga de posteos cargados de ironía, arrogancia y alusiones esotéricas para intentar minimizar el impacto del resultado del país vecino.
Lejos de ofrecer un análisis riguroso o asumir una postura diplomática madura, Caputo dirigió sus ataques contra los analistas políticos que advertían sobre los desafíos de los oficialismos en la región. “Los mismos que alertaban sobre ‘las derrotas de los oficialismos’ mañana van a cambiar de argumento”, lanzó desde su cuenta en X, descalificando a los profesionales del sector al asegurar que “ninguno de todos los opinólogos sabe de lo que está hablando y no hacen más que arriesgar pronósticos basados en sus propios sesgos”.
Sin embargo, el tramo que generó mayor estupor en el arco político fue su derivación hacia un tono mesiánico y místico. En un intento por tranquilizar a las tropas libertarias, Caputo llegó a adjudicarse poderes sobrenaturales: “Acá el único que puede ver el futuro soy yo, talento heredado de mi difunto abuelo. Tranquilos, porque todo marcha acorde al plan”. La declaración, más cercana al esoterismo que a la ciencia política, puso de manifiesto una metodología comunicacional que reemplaza el argumento técnico por la provocación irreflexiva.
El estratega gubernamental redobló su soberbia al imponer insólitas condiciones para debatir, exigiendo despectivamente a sus interlocutores que “se aseguren de tener razón en cinco periodos electorales seguidos” para merecer su atención. En esa misma línea de agresión abierta, interceptó un mensaje de felicitación de Cristina Fernández de Kirchner hacia el presidente electo de Brasil, respondiéndole con la chicana: “Muy lindo mensaje. Lamentablemente seguís presa”.
El raid de Caputo en las redes no hace más que transparentar la zozobra de un oficialismo que, ante la victoria de la centroizquierda en el socio comercial más estratégico del país, apela a la mística familiar y al agravio personal para disfrazar la falta de una política exterior sólida y coherente.