En medio del debate social sobre el uso de carros con tracción a sangre, una vecina de la Villa San José dio su testimonio sobre cómo vive y trabaja su familia en este oficio históricamente arraigado en los barrios populares de Metán.
Fátima Massa es una de las tantas personas que aún sostienen a su familia mediante el trabajo con carros. Vive en la Villa San José y su realidad es similar a la de muchas familias que dependen de la tracción a sangre para subsistir. En los últimos días se generó una nueva polémica en la ciudad tras la difusión de imágenes de un animal en estado de abandono, lo que volvió a encender el reclamo por la erradicación total de esta actividad.
En ese contexto, Massa explicó que no fue convocada ni informada sobre ninguna reunión reciente entre carreros y autoridades. “Yo no me enteré de las reuniones hasta el día de hoy. Nadie vino a avisar, ni a mi casa ni a ningún lado. Ningún político se arrimó tampoco a decir nada, a explicar qué va a pasar con los que trabajamos en el carro”, sostuvo.
Consultada sobre el caso del caballo que apareció en redes sociales visiblemente maltratado, afirmó: “Yo también vi lo que publicaron en Facebook, pero no todos somos iguales. Nosotros cuidamos a nuestros animales. En mi familia todos vivimos de esto. Mi esposo tiene 47 años y trabaja con carros desde muy joven. Se crió en esto y así criamos a nuestros hijos también”.
Según indicó, quienes se dedican a esta labor suelen tener conciencia del cuidado animal. “El caballo es el sostén de la casa. Nos da de comer. Si no tenemos changas con el carro, no tenemos nada. Y nosotros lo sabemos”, dijo.
Respecto a la posibilidad de reemplazar los carros por vehículos, Massa expresó sus dudas y cuestionamientos. “Dicen que nos van a dar motocarros, pero eso no nos sirve. No podemos llevar arena ni ripio ahí. Si quieren que dejemos el carro, que nos den algo que sirva para trabajar. No pedimos que nos regalen; que nos den la posibilidad de pagar. Pero ni el municipio tiene camiones para tirar la basura, ¿qué nos van a dar a nosotros?”, señaló.
Por otro lado, se mostró de acuerdo con los controles veterinarios periódicos propuestos desde distintos sectores. “Por mi parte, no tengo miedo. Los veterinarios me conocen y saben que yo los vacuno y me desespero cuando están enfermos. Soy capaz de vender lo que tenga por salvar a mi caballo. Ya me ha pasado”, recordó.
La familia de Fátima se compone actualmente de 12 personas que dependen de los ingresos generados a través del carro. “Mi esposo vende arena y ripio. Mis hijos más grandes ya hicieron su vida, pero igual a veces ayudan en el carro. A veces hay trabajo, a veces no, pero es lo que tenemos”, comentó.
Sobre las críticas sociales que suelen recibir quienes viven en villas o trabajan con carros, Massa sostuvo: “He escuchado comentarios feos en el centro. Que somos los de la villa, que maltratamos a los animales. No pueden meternos a todos en la misma bolsa. A nosotros nos conocen, saben cómo están nuestros caballos”.