Un profundo dolor y una creciente ola de indignación sacuden a la provincia de Salta tras confirmarse el fallecimiento de dos futbolistas en pleno desarrollo de partidos de fútbol amateur durante el último fin de semana. Lejos de tratarse de hechos aislados, esta doble tragedia vuelve a poner bajo la lupa una problemática estructural: la falta absoluta de controles médicos, la precariedad de las instalaciones y la desidia de organizadores que lucran con el deporte barrial.
A pesar de que los torneos comerciales y amateurs mueven importantes sumas de dinero a través del cobro de inscripciones, planillas semanales y cantinas, los organizadores entregan a cambio premios paupérrimos y se desentienden de la integridad física de los deportistas. Las competencias se realizan de manera masiva sin exigir certificados de apto físico ni evaluaciones médicas previas, exponiendo a participantes de distintas edades a exigencias cardíacas extremas sin ningún tipo de prevención ni equipo de primeros auxilios.
A esta situación se suma la indefensión en materia de cobertura. En la mayoría de los predios no se cuenta con pólizas de seguro de salud o de vida, dejando a los futbolistas y a sus familias completamente desamparados ante cualquier fatalidad. Asimismo, árbitros y jugadores quedan a menudo expuestos a episodios de violencia sin esquemas mínimos de seguridad privada ni presencia policial.
El impacto de este vacío reglamentario recae directamente sobre el Estado. Cuando suceden estas emergencias, ante la ausencia de coberturas privadas en las ligas, es el sistema público de salud el que debe responder de urgencia, demandando la movilización de ambulancias y costosos operativos de las fuerzas de seguridad.
Pese a la masividad y al riesgo latente en cada jornada deportiva, desde el ámbito legislativo aún no se han impulsado ordenanzas municipales ni leyes provinciales efectivas para regular, fiscalizar y ordenar esta actividad comercial. La falta de un marco normativo estricto sigue cobrándose vidas en suelo salteño, ante la pasividad de un sector que continúa funcionando sin garantías.