Metán

Temporal en Metán: Sin margen para el relato ante el desafío de la reconstrucción

La implosión de las calles y el colapso de las rutas tras la tormenta exponen el fin de una era de parches. La clase política enfrenta su hora más crítica: pasar de la asistencia con «respuestas livianas» a las obras estructurales que la desidia ya no permite postergar.

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El último temporal en San José de Metán no fue solo un fenómeno climático; fue un golpe de realidad que dejó a la clase política sin el escudo de las promesas habituales. Cuando el pavimento de la calle Buenos Aires implosiona y la Ruta 9/34 se convierte en una trampa mortal, el margen para la retórica se agota. La ciudad ya no necesita «solidaridad» o visitas oficiales de cortesía; necesita una reconstrucción basada en ingeniería y presupuestos reales.

Durante años, la respuesta ante las inundaciones en Metán ha sido cíclica: asistencia inmediata, fotos con los afectados y un silencio administrativo que se prolonga hasta la siguiente nube negra. Sin embargo, la magnitud de este desastre —con vehículos arrastrados y canales que estallaron— demuestra que el tiempo de los paliativos se terminó.

La visita del gobernador Sáenz, aunque institucionalmente necesaria, dejó un vacío preocupante. Al calificar la situación con generalidades como «el mundo se inunda», la respuesta oficial choca de frente con la urgencia de los vecinos. El desafío de la reconstrucción no se agota en las máquinas viales que hoy limpian el barro; se mide en la capacidad de la dirigencia para ejecutar, de una vez por todas, las obras de canalización que Metán reclama desde hace décadas.

El diputado Rodrigo García fue claro: «hay que conseguir la plata y no errarle». Esa frase resume el dilema actual. En un contexto de crisis económica, la clase política está obligada a decidir si seguirá administrando la emergencia o si tendrá el coraje de gestionar los fondos para una solución definitiva. Ya no hay espacio para estudios que nunca terminan o licitaciones que se pierden en el camino.

El intendente José María Issa afirma que su gestión está «donde tiene que estar», pero la realidad es que Metán hoy es una ciudad herida en su estructura más básica. La reconstrucción exige un contrato de transparencia: los vecinos necesitan fechas, montos y proyectos técnicos, no frases de aliento.

La naturaleza le quitó el margen a la política. El temporal dejó un mensaje nítido: la infraestructura de Metán ha colapsado. Si la respuesta del Estado sigue siendo «liviana», la próxima tormenta no solo levantará el pavimento, sino que terminará de socavar la confianza en una dirigencia que parece más cómoda en la asistencia que en la transformación. La reconstrucción de Metán es hoy la única gestión que importa, y no admite más demoras.

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