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Salta celebra hoy el Día del Agente Sanitario

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El 3 de junio ha sido instituido en Salta como Día del Agente Sanitario, con la finalidad de reconocer la importancia de estos actores del sistema sanitario, que desempeñan su labor entre las familias de comunidades aisladas o en condiciones de mayor vulnerabilidad.

“La fecha es propicia para reconocer la gran importancia que tiene este recurso humano en una provincia como la nuestra, de una vasta extensión y con una geografía muy diversa, con familias que viven en lugares de difícil acceso”, expresó el ministro de Salud Pública, Juan José Esteban, destacando que “ellos hacen posible llevar servicios de salud a esos pobladores y facilitan su vinculación con un centro de salud o un hospital”.

El agente sanitario constituye un nexo fundamental entre la población que asiste y los servicios de salud, ya que es quien visita los domicilios en forma periódica, en el marco de la estrategia de Atención Primaria de la Salud.

Es un actor muy importante en la cadena de atención de la salud, ya que promueve y facilita el primer contacto de la comunidad con el centro de salud u hospital. Realiza su tarea casa por casa, vacunando, detectando embarazadas, controlando peso y talla de niños. Además, brinda información, trabaja en promoción de salud y prevención de enfermedades.

El Día del Agente Sanitario fue establecido como homenaje a Raúl Tanoni, médico nacido el 3 de junio de 1940 en San Miguel de Tucumán, iniciador de la estrategia sanitaria en la provincia el año 1978.

Cobertura provincial

El Ministerio de Salud Pública cuenta con una Dirección de Atención Primaria de la Salud, bajo dependencia de la Subsecretaría de Medicina Social. De esta Dirección depende el programa de APS, que actualmente registra 1227 agentes sanitarios en actividad, más jefes de programa a nivel operativo y supervisores intermedios.

Del total de trabajadores, 779 son mujeres y 448, varones. Las 48 áreas operativas de la provincia trabajan con agentes sanitarios: 15 de la zona Norte, 21 de la zona Oeste, 10 de la zona Sur y 2 de la Capital.

A los efectos de la cobertura sanitaria, el territorio de la provincia de Salta se divide en zonas sanitarias, cada una bajo responsabilidad de un director. A su vez, cada zona contiene áreas operativas con un hospital base, distribuidas en el interior de la provincia y en la capital.

Las áreas operativas se dividen en sectores de Atención Primaria de la Salud (APS), en los que se desempeña un agente sanitario. Estos sectores, generalmente, son de difícil acceso, por las condiciones del terreno, la distancia y, en algunos casos, la falta de caminos.

Muchas de las familias a las que debe asistir el agente sanitario son de extrema vulnerabilidad, por lo que su labor en promoción de la salud y prevención de enfermedades y otras problemáticas sociales es fundamental.

Para cumplir su tarea y visitar los domicilios asignados, el agente sanitario, en muchos casos, debe caminar o cabalgar durante horas, o desplazarse en bicicleta o motocicleta, bajo las condiciones meteorológicas más adversas de cada época del año.

La labor de los agentes sanitarios fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud, en un informe sobre recursos humanos en el que expresa que “no hay salud sin agentes sanitarios”.

Pioneros en la estrategia

La provincia de Salta implementó la estrategia de APS a través de agentes sanitarios en 1978. En la actualidad, este modelo de atención es reconocido en todo el país y América latina, y organismos internacionales como UNICEF, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la OMS lo promueven en el mundo entero.

Los primeros agentes sanitarios salteños comenzaron a operar en el año 1978 en las zonas más críticas, realizando tareas de promoción y prevención casa por casa para disminuir la mortalidad infantil, desnutrición y tuberculosis.

Hoy, su acción se desarrolla en ámbitos rurales y también urbanos, ocupándose del cuidado nutricional de niños, promoción de higiene y saneamiento ambiental, inmunización, detección de embarazos, promoción del parto hospitalario y lactancia materna, prevención de enfermedades transmisibles y crónicas no transmisibles, entre otras actividades de articulación con el sistema de salud.

APS en la Capital

En la ciudad de Salta, la zona operativa Norte está bajo responsabilidad del hospital Materno Infantil; la Sur, a cargo del hospital Papa Francisco. Cada una de estas áreas operativas cuenta con nodos, que agrupan en total a 63 centros de salud de primer nivel de atención.

En el área operativa Norte se desempeñan 111 agentes sanitarios, distribuidos en 27 centros de salud que trabajan con APS, pertenecientes a los nodos Primavera, Centro y Castañares.

Los centros de salud del nodo Primavera son los ubicados en los barrios: Primavera, Santa Lucía, Chartas, San Rafael, Atocha, Asunción, Costanera, Roberto Romero, Palermo, Palmeritas y 17 de Mayo.

En el nodo Centro, los centros de salud con agentes sanitarios son: Roberto Nazr, Campo Caseros, Hernando de Lerma, San Antonio, 20 de Febrero, Soledad y Luján.

En el nodo Castañares: Castañares, El Pilar, Ciudad del Milagro, Miguel Ortiz, San Lorenzo, Las Costas, Tres Cerritos, Parque Belgrano y 17 de octubre.

En el área operativa Sur, según lo informado por el gerente general del hospital Papa Francisco, Daniel Mamaní, se desempeñan 52 agentes sanitarios, quienes cubren 13 sectores de su área de responsabilidad.   

Formación de nuevos agentes sanitarios

A partir de este año, para desempeñarse como agentes sanitarios los postulantes deben cursar y aprobar un ciclo de capacitación laboral, diseñado en forma conjunta entre los ministerios de Salud Pública y Educación.

El objetivo es elevar el perfil y la formación de los trabajadores, con la finalidad de mejorar la calidad de la cobertura sanitaria domiciliaria.

En la actualidad, postulantes de toda la provincia, con estudios secundarios completos y con residencia en los lugares a cubrir, se encuentran realizando el curso teórico y práctico que incluye ejes curriculares sobre generalidades sanitarias, nutrición, materno-infancia, inmunizaciones, enfermedades infecto-contagiosas, enfermedades crónicas no transmisibles, enfermedades emergentes y re-emergentes.

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La Virgen del Milagro en el Polo Sur: El salteño que unió fe y patria en la Antártida

Un militar salteño unió la fe del Milagro con la historia antártica argentina. En 1965, el rosarino Jorge Edgar Leal, al mando de una expedición al Polo Sur, no solo izó la bandera nacional, sino que también dejó una réplica de la imagen de la Virgen del Milagro en el rincón más austral del planeta.

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En el marco de una nueva celebración del Señor y la Virgen del Milagro, patronos de Salta, es oportuno recordar la hazaña de un militar salteño que llevó la devoción provincial al rincón más austral del planeta. El rosarino Jorge Edgar Leal, al mando de la histórica expedición «Operación 90», dejó un legado imborrable que fusiona la identidad salteña con la historia antártica argentina.

El 10 de diciembre de 1965, después de 48 días de viaje y 1.450 kilómetros recorridos en un contexto de temperaturas extremas y condiciones climáticas adversas, la expedición de Leal llegó al Polo Sur. En ese punto, izó con orgullo la bandera argentina y, en un acto que «salteñizó» la proeza, dejó una réplica de la imagen de la Virgen del Milagro en la meseta antártica.

Esta gesta, que no aparece en las memorias del propio Leal, fue reportada en una breve crónica del diario El Tribuno de Salta, destacando que «ahora los salteños pueden decir que su imagen patrona vela por la patria, desde el mismo Polo Sur».

Un viaje a corazón helado: La travesía de la «Operación 90»

La expedición, que partió desde la base argentina Manuel Belgrano, enfrentó desafíos inmensos. Leal, en sus crónicas publicadas en «Memorias de un antártico», relató las dificultades de la marcha final con 30 grados bajo cero y una densa capa de nubes que impedía la orientación.

Fue gracias al sargento ayudante Adolfo Oscar Moreno, un topógrafo de la misión, que lograron aprovechar un breve claro en el cielo para determinar su posición y continuar el rumbo. La llegada al Polo fue confirmada al divisar las instalaciones de la base norteamericana Amundsen-Scott, una señal inequívoca de su éxito.

El vehículo que transportaba a Leal y a la imagen de la Virgen del Milagro llevaba el nombre «Salta» en su honor, un guiño a la tierra natal del militar. Tras la llegada, Leal elevó el mástil de la bandera argentina y se comunicó por radio con las autoridades en Buenos Aires. Posteriormente, el equipo posó para la foto que inmortalizaría el logro, un momento de victoria en el que las nubes se disiparon, como si la misma naturaleza hubiera querido ser testigo de la proeza.

La historia de Jorge Edgar Leal es un recordatorio de cómo la fe y la devoción, tan arraigadas en la cultura salteña, pueden ser parte de las mayores hazañas humanas, uniendo el fervor del Milagro con la inmensidad del continente blanco.

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“Quería terminar con el dolor”: Flor cuenta su experiencia tras intentar suicidarse

En el marco de septiembre, mes dedicado a la prevención del suicidio, Flor, una joven de 35 años, decidió compartir por primera vez su experiencia personal con ideaciones suicidas. Su testimonio revela el camino desde la oscuridad y la desesperanza hasta la búsqueda de ayuda profesional, el acompañamiento familiar y espiritual, y la reconstrucción de su vida.

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Con el inicio de septiembre, mes destinado a la concientización y prevención del suicidio, los especialistas insisten en la importancia de abrir el diálogo sobre un tema que sigue siendo un tabú en la sociedad argentina. Hablar de pensamientos suicidas, acompañamiento familiar y salud mental no es sencillo, pero se trata de una cuestión de vida o muerte. En este marco, Flor, una mujer de 35 años, comparte por primera vez su experiencia personal, con la intención de ofrecer una guía de esperanza y mostrar que pedir ayuda es posible y necesario.

Flor recordó las ocasiones en que intentó quitarse la vida. “Tenía todo lo material y familiar que uno podría desear, pero me sentía vacía, incompleta. Nada llenaba ese vacío”, confesó. La joven relató cómo heridas de la infancia no resueltas y la acumulación de emociones reprimidas contribuyeron a sumergirla en un estado de profunda tristeza y desesperanza.

Suicidio: un tema que incomoda pero que debe ser tratado sin rodeos ni prejuicios

“Muchas veces creemos que podemos solos, que solo con voluntad podremos superar la oscuridad. No es así”, explicó. En su experiencia, buscar ayuda profesional, terapias psicológicas y, cuando fue necesario, tratamiento psiquiátrico, fueron herramientas esenciales para reconstruirse.

“Pedir ayuda me permitió salir adelante; hay esperanza incluso en los momentos más oscuros.”

Enfatizó que identificar que se necesita ayuda es el primer paso para superar la crisis. “Cuando uno atraviesa ideaciones suicidas, no puede salir adelante solo. La asistencia profesional, acompañada del apoyo familiar y comunitario, es fundamental”, subrayó. Recomendó iniciar el diálogo incluso de formas indirectas: un mensaje, una canción, un video o un reel que refleje lo que se siente puede ser un primer paso para pedir ayuda.

“Decirle a alguien ‘me siento así’ puede salvar vidas. Muchos jóvenes piensan que están solos, pero no es cierto. Siempre hay recursos disponibles: psicólogos, hospitales, iglesias, líneas de asistencia”, agregó.

“La terapia y el acompañamiento profesional me enseñaron a encontrar sentido y propósito en mi vida.”

En su relato,  destacó también el rol de la fe como complemento a la atención profesional. La espiritualidad, explicó, le permitió encontrar un eje de contención emocional y sentido de vida: “Mi fe y mi relación con Dios fueron un pilar. La terapia y el acompañamiento psicológico me dieron herramientas, pero la fe me sostuvo y me restauró desde adentro”.

Asimismo, Flor advirtió que el tabú sobre la salud mental no solo existe en la sociedad, sino en los hogares. Muchos padres, por desconocimiento, minimizan los síntomas de angustia o tristeza profunda de sus hijos. “Frases como ‘no te falta nada’ o ‘eso es para locos’ generan muros en lugar de puentes. La salud mental no se mide en bienes materiales; requiere escucha, acompañamiento y contención emocional”, aseguró.

El testimonio de Flor también resaltó señales de alerta que los padres y familiares pueden observar como por ejemplo; aislamiento, descuido personal, cambios drásticos de conducta, consumo de sustancias o pérdida de motivación. Identificar estos indicadores a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

“Compartir lo que sentimos, aunque sea con un mensaje o un gesto, nos conecta y nos ayuda a superar la tristeza.”

Mensaje de esperanza

Flor dio un mensaje para quienes atraviesan momentos similares: “No están solos. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, es un grito de vida. Se puede salir adelante, reconstruirse y encontrar propósito y sentido en la existencia”.

Su historia evidenció que la prevención del suicidio requiere diálogo abierto, acompañamiento profesional, comprensión familiar y, en muchos casos, apoyo espiritual. “Romper el tabú, hablar con responsabilidad y ofrecer contención puede salvar vidas”, concluyó.

“Con fe, apoyo y herramientas adecuadas, es posible transformar la oscuridad en fuerza y reconstrucción personal.”

Con su testimonio, esta joven metanense, demostró que aunque el camino sea difícil, hay salida. Su historia no solo visibiliza el dolor que enfrentan quienes atraviesan ideaciones suicidas, sino también las herramientas de recuperación y la importancia de un entorno que escuche y acompañe.

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Suicidio: un tema que incomoda pero que debe ser tratado sin rodeos ni prejuicios

En su columna semanal, el psicólogo Lic. Fernando Serrano Urdanibia (MP 1894) aborda el suicidio como uno de los tabúes más fuertes de nuestra sociedad y plantea la necesidad de hablar del tema con responsabilidad, en el marco del mes dedicado a su prevención.

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El suicidio sigue siendo, en pleno siglo XXI, un tema que incomoda, se esquiva y en muchos ámbitos se evita mencionar. Hablar de él implica atravesar un muro cultural y social que lo ha convertido en un verdadero tabú, reforzado por prejuicios, temores y silencios que no solo no resuelven el problema, sino que lo profundizan.

Durante años, distintos asuntos ocuparon el lugar de lo innombrable. La sexualidad, por ejemplo, estuvo rodeada de prohibiciones hasta que, poco a poco, se comenzó a tratar con mayor apertura. Sin embargo, la muerte continúa siendo un terreno lleno de restricciones, y dentro de ella, la decisión de poner fin a la propia vida aparece como uno de los temas más difíciles de afrontar.

En el marco del mes amarillo dedicado a la prevención del suicidio, el psicólogo Fernando Serrano Urdanibia plantea la necesidad de abordar este fenómeno de manera seria, responsable y sin rodeos, acompañado por testimonios como el de Flor, una mujer que atravesó un intento de suicidio y hoy decidió compartir su experiencia como forma de tender una mano a quienes aún buscan ayuda.

 

“El silencio puede incomodar. El silencio, incluso, puede llegar a matar”

Uno de los factores más complejos es el silencio. “El silencio puede incomodar y, en ciertos casos, puede llegar a matar”, explica Serrano Urdanibia. La sociedad argentina habla muy poco de suicidio, y cuando lo hace suele ser desde la culpa, la vergüenza o el desconocimiento. En muchas familias, frente a un fallecimiento por esta causa, se escucha todavía: “Mejor no hables de eso” o “Inventá otra cosa”.

Ese ocultamiento priva a quienes atraviesan pensamientos suicidas de un espacio donde expresar su dolor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hablar del tema con responsabilidad no induce al acto, sino que abre la posibilidad de que alguien en crisis busque ayuda.

 

“Mientras evitamos el tema, el suicidio mata a más de un millón de personas al año en el mundo”

Las estadísticas son contundentes; cada año, más de un millón de personas en el mundo mueren por suicidio. Se trata de una cifra que supera a la de los accidentes de tránsito o a la suma de todas las muertes violentas. Sin embargo, a diferencia de otros problemas sociales, el suicidio rara vez ocupa un lugar en la agenda pública.

Prejuicios que sostienen el tabú

Algunos de los argumentos más repetidos para mantener el silencio son:

  • “Hablar de suicidio puede alentar a las personas”: en realidad, hacerlo de manera responsable permite abrir un espacio de reflexión.
  • “Quien dice que va a suicidarse no lo hará”: cada pedido de ayuda debe tomarse con seriedad.
  • “El suicida tiene todo decidido”: en la mayoría de los casos existe ambivalencia; una palabra de apoyo puede cambiar el desenlace.
  • “El suicidio es hereditario”: lo que influyen son factores de personalidad, contexto y salud emocional, no la herencia biológica.

Los estudios señalan que testimonios de personas que atravesaron situaciones de riesgo y lograron pedir ayuda pueden tener un efecto positivo de imitación, fortaleciendo la esperanza y la decisión de vivir.

 

“Pedir ir al psicólogo no es un capricho. Es un pedido de escucha profesional, libre de juicio”

El tabú en el hogar

El problema no está solo en la sociedad, también en los hogares. “Cuando un hijo pide ir al psicólogo, muchas veces se le responde: ‘¿Para qué, si no te falta nada?’ o ‘Eso es para locos’”, señala Serrano Urdanibia. Estas respuestas levantan muros en lugar de abrir caminos de contención.

El bienestar emocional no depende de tener casa o alimento, sino de sentirse acompañado y comprendido. Negar la ayuda profesional bajo la idea de que “es cuestión de voluntad” profundiza la soledad y, en muchos casos, puede agravar el sufrimiento.

 

“Ese silencio es una segunda muerte. Convierte el hecho en un fantasma del que nadie habla, pero que todos sienten”

 

El escenario más doloroso se da cuando el pedido de ayuda no fue escuchado y la persona decide quitarse la vida. En muchos casos, el hecho se oculta bajo la palabra “accidente” o se evita mencionarlo. Ese silencio, calificado por especialistas como “una segunda muerte”, no permite elaborar el duelo ni reconocer la importancia de la salud mental.

Hablar no devuelve la vida de quien ya no está, pero sí puede salvar a quienes aún buscan ser comprendidos.

La fe ocupa un lugar central en numerosas familias. La religión puede brindar acompañamiento y comunidad, pero no debe reemplazar la atención profesional. “Rezar puede dar alivio, pero no sustituye a la intervención clínica necesaria”, sostiene el especialista. La espiritualidad y la psicología, en cambio, pueden complementarse.

“Hablar del suicidio con respeto y responsabilidad no lo promueve, lo previene”

Hablar para prevenir

El consenso entre especialistas es; hablar de suicidio no lo fomenta, lo previene. Callar, en cambio, alimenta la oscuridad. El suicidio no se enfrenta con silencios, sino con escucha, acompañamiento y políticas públicas que garanticen atención accesible.

Serrano Urdanibia concluye: “Pedir ayuda no es debilidad, es un acto de vida. El tabú del suicidio debe romperse con información y diálogo. Que no se lo hable, no quiere decir que deja de existir”.

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