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Crianza y pantallas: alertan sobre el uso del celular como “niñera” digital

En un contexto donde más del 90% de los niños y adolescentes en Argentina tienen acceso a internet, especialistas alertan sobre los riesgos de sustituir la presencia parental por dispositivos electrónicos y remarcan la urgencia de una crianza sin violencia.

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Las pantallas, y en particular los teléfonos celulares, se han convertido en muchos hogares en una herramienta práctica para calmar o entretener a los niños. Sin embargo, el uso excesivo de estos dispositivos puede transformarlos en un sustituto de la presencia adulta, con consecuencias emocionales y educativas que preocupan a los especialistas.

El licenciado Fernando Serrano Urdanibia (MP 1894), en su columna de opinión, advierte que criar en la era digital no solo implica velar por la alimentación, salud y educación de los más chicos, sino también por los contenidos a los que acceden en línea. “La línea entre el mundo físico y el virtual se desvanece, y como sociedad no estamos preparados para acompañarlos”, afirma.

Según datos oficiales, el 46,4% de los padres en Argentina reconoce haber utilizado violencia física como método de disciplina, aunque la mayoría admite que no es correcto. Para el especialista, la violencia –física, verbal o emocional– no solo vulnera derechos, sino que perpetúa patrones nocivos que los niños pueden replicar en su vida adulta.

El acceso a internet, potenciado por la pandemia de COVID-19, ha expuesto a los menores a fenómenos como el ciberbullying, la difusión no consentida de contenido íntimo, discursos de odio y desinformación, incluso en entornos aparentemente lúdicos como los videojuegos. La brecha de comprensión tecnológica entre padres e hijos genera, además, un vacío de comunicación que dificulta la prevención.

El rol de la familia

Serrano Urdanibia subraya que no existe un único modelo de familia, pero en todos los casos la función principal es brindar un entorno seguro, afectivo y libre de maltrato. El apego, explica, se construye a través de la constancia, la atención y la respuesta oportuna a las necesidades físicas y emocionales de los niños.

Asimismo, insiste en la importancia de educar sin violencia: establecer límites claros, explicar las razones, validar las emociones y ofrecer alternativas para resolver conflictos. Las respuestas punitivas o permisivas, advierte, no enseñan herramientas de convivencia; en cambio, una guía respetuosa fortalece el desarrollo emocional.

La honestidad es otro pilar de la crianza saludable. Ocultar información sobre los orígenes, la adopción o la historia familiar puede generar inseguridad y afectar la salud mental. “El amor y el respeto se sostienen sobre la verdad”, remarca el especialista.

En un mundo cada vez más mediado por pantallas, el desafío para las familias es doble: acompañar a los niños en el uso responsable de la tecnología y garantizar una crianza libre de violencia, donde el diálogo, la contención y la presencia sean insustituibles.

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