En el departamento Anta, el silencio de las oficinas nacionales en Buenos Aires se traduce en angustia real. Para una paciente de Joaquín V. González que padece leucemia crónica, la falta de envío de drogas de alto costo por parte del Gobierno nacional no es una estadística, es una sentencia. «La doctora me dijo que mi enfermedad está avanzando porque no tengo la medicación», relató el paciente, en un testimonio que refleja la realidad de cientos de salteños.
La situación es límite. El medicamento que esta vecina necesita, Bosutinib 400 mg, tiene un costo de mercado cercano a los 15 millones de pesos. Para quien percibe una pensión por invalidez que no cubre la canasta básica, la cifra es inalcanzable.
La desesperación ha llevado a medidas extremas: «Estoy tomando una medicación que está vencida; la doctora me ha dicho que siga tomando eso antes de que me quede sin nada», confesó. La falta de continuidad en los ciclos de tratamiento pone a los pacientes en riesgo de que sus cuadros pasen de crónicos a agudos, sin posibilidad de retorno.
Ante este escenario acuciante, el gobernador Gustavo Sáenz alzó la voz para denunciar el abandono que sufren los sectores más vulnerables. El mandatario vinculó la falta de medicamentos oncológicos con el desfinanciamiento a jubilados y a instituciones de discapacidad.
«No podemos tener peregrinando a nuestros jubilados para que les den los medicamentos oncológicos. La salud es fundamental y no tiene color político», sentenció Sáenz.
El Gobernador volvió a cargar contra los legisladores nacionales de la oposición local («olmedistas») por su ausencia en las mesas de diálogo convocadas para defender los intereses provinciales. «Esa falta de empatía, de sensibilidad y de humanidad los hace diferentes a nosotros», disparó el mandatario, subrayando que la crisis sanitaria no puede esperar a los tiempos de la política.
Mientras la Nación mantiene suspendida la entrega de drogas de alta complejidad, la Provincia intenta dar respuestas, aunque la cobertura total de medicamentos de tan alto costo es un desafío financiero monumental. Según los testimonios, los hospitales públicos como el San Bernardo mantienen la provisión de drogas de menor costo, pero el bache generado por la falta de envíos nacionales en tratamientos específicos de hematología y oncología está dejando a los pacientes desamparados.
«Si no tenemos eso, nos empezamos a morir», advierten los damnificados. El mensaje de Salta hacia la Casa Rosada es uno solo y urgente: la microeconomía y la política pueden tener sus tiempos, pero la salud de los salteños no.