Los jóvenes de hoy enfrentan desafíos emocionales y sociales sin precedentes. En un mundo donde las expectativas, las presiones académicas y sociales parecen estar siempre al alza, muchos se ven atrapados en un mar de incertidumbres, inseguridades y, en ocasiones, sufrimiento emocional. La violencia verbal, el bullying y la falta de espacios para el diálogo se han convertido en parte de una realidad alarmante que no solo afecta la autoestima de los adolescentes, sino que, en algunos casos, lleva a consecuencias trágicas, como el suicidio. En las últimas semanas, Metán fue escenario de dos casos de suicidio que han conmovido a la comunidad, poniendo de manifiesto la urgencia de abordar estos temas con responsabilidad y empatía.
Fernando Serrano Urdanibia, psicólogo recién graduado y docente, reflexionó sobre la situación actual de los jóvenes y la influencia que las palabras tienen sobre ellos. «Las palabras tienen un poder inmenso», señaló Serrano. «Pueden ser una herramienta para ayudar a los jóvenes a crecer, a encontrar su camino, pero también pueden convertirse en una espada que los hunde aún más en la angustia». El psicólogo destacó que, especialmente en momentos de vulnerabilidad, como los que atraviesan los adolescentes, los efectos de una palabra mal dicha o de un comentario hiriente pueden ser devastadores.
Serrano, quien se ha estado interiorizando sobre los casos recientes en Metán, expresó su sorpresa y consternación ante la situación. “Me impacta mucho porque, al ser psicólogo, reconozco que cuando ocurren estos hechos tan extremos, como el suicidio, hay algo que no está siendo escuchado. Hay señales que no estamos viendo o que no se están comunicando de manera efectiva”, indicó. Según Serrano, muchas veces los jóvenes no verbalizan directamente su sufrimiento, pero sí envían señales a través de su comportamiento, su actitud o incluso en sus hábitos cotidianos. “La falta de comunicación es alarmante. Si un joven empieza a aislarse, a cambiar su comportamiento, a dejar de cuidarse, hay algo detrás de eso que debe ser atendido”, afirmó.
El psicólogo también subrayó la importancia de la labor de los docentes en este contexto. “Los educadores tienen un rol fundamental al estar atentos a esos cambios. No se trata solo de ver el comportamiento de un alumno, sino también de observar qué está sucediendo detrás de la máscara que muchos usan para esconder su malestar», explicó. Según Serrano, los docentes deben poder detectar esas señales tempranas para poder intervenir antes de que la situación empeore.
«El joven que se aísla, el que deja de comunicarse o que cambia su aspecto, muchas veces está enviando una alerta. Y, si no lo abordamos, si no le damos el espacio para hablar de lo que realmente le está ocurriendo, las consecuencias pueden ser trágicas», reflexionó Serrano.
En este sentido, el psicólogo hace un llamado a la sociedad, a la comunidad educativa y a las familias, para que se conviertan en agentes activos de cambio, promoviendo el diálogo abierto y el apoyo emocional a los jóvenes. “Escuchar es clave. Hay que estar atentos no solo a lo que se dice, sino también a lo que no se dice. Porque a veces, el mayor sufrimiento está en lo que se calla”, agregó Fernando Serrano, enfatizando que la prevención de estas tragedias empieza por aprender a detectar y atender a tiempo las señales de alarma. «Sería de suma importancia alojar esta demanda para poder conocer a fondo lo que posiblemente este produciendo estos episodios en la ciudad y así crear estrategias de abordaje preventivo» concluyó el joven profesional.