La Academia de Malambo «El Legüero» sigue consolidándose como un espacio de formación, contención y proyección para jóvenes talentos de la danza folclórica. Dirigida por el profesor Pablo Flores, esta academia suma ahora a dos figuras destacadas del malambo nacional: Yamila Aguado, campeona en el Festival de Cosquín, y Fernando Castro, también campeón de malambo y referente santiagueño con una trayectoria de más de una década.
El estudio, ubicado en José Hernández N.º 98, cobró relevancia en el ámbito nacional por su enfoque profesional y por la calidad técnica y humana de sus egresados. «El Legüero» es reconocido por ser semillero de campeones y por mantener una metodología de enseñanza centrada en el esfuerzo, la disciplina y el sentido de pertenencia.
Yamila Aguado, oriunda de Buenos Aires, primera campeona del rubro solista de malambo femenino en Cosquín y revelación del festival, destacó el valor del espacio formativo: «Es un placer poder compartir mi experiencia con las niñas que se inician en el malambo femenino, un estilo que está creciendo con fuerza». Aguado se suma al equipo docente con el objetivo de acompañar el crecimiento del rubro y transmitir su vivencia en escenarios de competencia.
Fernando Castro, oriundo de Santiago del Estero, se incorporó al proyecto tras más de diez años de trabajo en Salta y Buenos Aires. «El malambo, además de arte, es una herramienta de educación y descarga emocional para los chicos. Apostamos a formar personas comprometidas con su cultura y su entorno», afirmó.
La incorporación de ambos profesionales responde a un plan pedagógico de la academia que incluye la preparación de coreografías competitivas para instancias provinciales y nacionales, como el preselectivo del Festival de Laborde. Actualmente, se trabaja intensamente con grupos femeninos y masculinos en turnos separados, bajo una rutina que comienza a las 8 de la mañana y se extiende hasta altas horas de la noche.
«Hemos llegado a estar 12 o 13 horas seguidas con ensayos, lo que demuestra el compromiso de los alumnos, de los docentes y de los padres, quienes realizan un esfuerzo considerable para sostener este proyecto», explicó Pablo Flores. La participación de las familias es central; contribuyen con la logística, los viáticos y los honorarios de los profesores invitados mediante actividades solidarias como la venta de rifas y comidas.
El legado de «El Legüero» ya se proyecta en el exterior. Exalumnos como Emanuel y Mauro Flores, entre otros, continúan su carrera artística en escenarios internacionales. «Muchos chicos que comenzaron en esta sala hoy están trabajando en el extranjero, lo que reafirma el nivel de formación que se brinda», resaltó el director.
La academia mantiene abiertas sus puertas a toda la comunidad. La enseñanza no está dirigida exclusivamente a la competencia, sino también a formar valores como; respeto, amistad, esfuerzo colectivo y pertenencia cultural. «A través del malambo no solo enseñamos danza, sino también una forma de vida», concluyó Aguado.
«El Legüero» se consolida así como un bastión del folclore en el sur salteño, combinando excelencia técnica, identidad cultural y compromiso social.