Metán

Negaron la realidad y atacaron el control en Metán; la tragedia les dio la respuesta

La madrugada del domingo dejó una tragedia en Metán, un joven de 20 años murió tras ser atropellado por un menor al volante. Días antes, un operativo de prevención había sido blanco de críticas. Hoy, el dolor confirma que la realidad no se niega con comentarios.

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La madrugada del domingo dejó en Metán una tragedia que pudo evitarse. Un joven de apenas 20 años, Eugenio Ruiz, estudiante del Profesorado de Historia del IES N.º 6021, murió tras ser embestido por un vehículo conducido, según se supo oficialmente, por un menor de edad. Fue arrastrado más de 50 metros mientras circulaba en su motocicleta. Hoy hay una familia destrozada por el dolor, y otra familia que carga con el peso de una vida truncada por una decisión inconsciente.

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Mientras tanto, durante la semana anterior, la Policía de la Provincia de Salta desplegó un amplio operativo de prevención y control en Metán, que movilizó a más de 90 efectivos de diferentes unidades especiales. Se hicieron controles vehiculares, intervenciones por contravenciones, identificación de personas, decomisos de drogas, entre otros. La finalidad fue prevenir delitos, reducir siniestros y restablecer el orden en puntos críticos de la ciudad. Sin embargo, las redes sociales se inundaron de comentarios que pusieron en tela de juicio la legitimidad del procedimiento.

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Hay quienes dijeron que las fotos eran falsas, que se “quemó” a jóvenes que no tenían nada que ver, que los uniformados solo buscan figurar y que esto no es más que una movida política. Esas expresiones, muchas veces lanzadas al calor del desconocimiento y la desinformación, no solo desmerecen el esfuerzo de las fuerzas de seguridad, sino que también reflejan una preocupante banalización del riesgo.

No se trata de justificar abusos —si los hubiera, que se investiguen—, pero es irresponsable deslegitimar todo un operativo sin base ni pruebas, mientras la realidad golpea con crudeza. Los accidentes fatales no paran, el consumo de drogas entre adolescentes va en aumento y los delitos vinculados al tráfico de estupefacientes no se erradican con discursos vacíos.

Este operativo apuntaba precisamente a evitar tragedias como la que ocurrió el domingo. Pero claro, es más fácil criticar cuando se actúa a tiempo, que asumir culpas cuando ya es tarde.

A los padres: no le den una moto, un auto o una camioneta a un menor de edad. No es un medio de transporte, es un arma en manos inexpertas. No importa si se enoja, si discute o si quiere “salir a despejarse”. El enojo se va. La vida, cuando se pierde, no vuelve más. A los jóvenes: no hay segunda oportunidad cuando una vida se apaga. Esto no es una serie, ni un videojuego.

Y a quienes se indignaron porque se publicaron imágenes de los procedimientos, ¿de verdad el problema es que a alguien lo haya revisado la policía mientras desayunaba? ¿O es que molesta ver la realidad de frente? Porque cuando las cosas pasan, son los mismos que insultaron y cuestionaron a quienes intentaron prevenir, los que después buscan culpables. El silencio y la negación no salvan vidas.

Hay un límite que no se puede cruzar, y es el respeto por la vida. Porque cuando ese límite se rompe, no hay vuelta atrás. No es solo la pérdida de un ser querido; es el derrumbe de dos familias, de amigos, de docentes, de una comunidad entera.

La seguridad no es un favor. Es una obligación del Estado, sí, pero también una responsabilidad compartida. De nada sirve tener policías en la calle si del otro lado hay ciudadanos que desprecian el orden. Tampoco se construye una sociedad mejor relativizando todo en nombre de la supuesta libertad.

Es hora de hablar claro. O se entiende que la prevención es necesaria, incluso incómoda a veces, o seguiremos sumando víctimas, mientras algunos desde la comodidad del celular solo atinan a criticar. Porque después, cuando hay que acompañar a una madre que acaba de perder a su hijo, todos nos preguntamos por qué nadie hizo nada antes. ¿Y sabe qué? Esta vez, sí se hizo. Pero no alcanzó.

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