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Por qué crece la violencia entre adolescentes y qué rol tienen los adultos

El psicólogo Fernando Serrano Urdanibia analizó el crecimiento sostenido de la violencia entre adolescentes en contextos escolares, un fenómeno que ya es parte de la realidad cotidiana. Desde una mirada histórica y psicoanalítica, sostiene que estos episodios reflejan la ausencia de vínculos afectivos, el debilitamiento del rol adulto y una grave crisis en el entramado entre familia y escuela.

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En los primeros meses del ciclo lectivo 2025, se repitieron con frecuencia episodios de violencia escolar protagonizados por adolescentes. Golpizas grupales, amenazas con armas blancas e incluso intentos de apuñalamiento marcan una escalada preocupante; manifestaciones que dejan en evidencia no solo una crisis de convivencia en los establecimientos educativos, sino una desregulación emocional entre los jóvenes. Ante esta realidad, es necesario preguntarse qué hay detrás de estas conductas y qué papel ocupan los adultos frente a una problemática que ya no puede considerarse aislada ni eventual.

“Cuando no enseñamos a nombrar lo que se siente, aparece la violencia como lenguaje alternativo”

Los casos recientes que tomaron estado público muestran un patrón inquietante: adolescentes que actúan con agresividad extrema, a veces frente a sus pares y otras contra figuras adultas. El contexto escolar, históricamente concebido como un espacio de cuidado y formación, aparece ahora desbordado por situaciones que exceden largamente su capacidad de respuesta. Y lo que debería ser abordado desde una red de contención adulta, en la práctica, muchas veces queda reducido a la activación de protocolos de emergencia que llegan tarde, cuando la crisis ya se ha desatado.

«La prevención no empieza cuando se desata la crisis. La prevención empieza mucho antes: en el vínculo cotidiano, en la mirada que contiene, en el adulto que regula sin gritar».

Desde una lectura psicoanalítica, estos actos de violencia deben ser comprendidos no como hechos aislados, sino como síntomas. La violencia, en este marco, es una forma torpe y disfuncional de comunicar un malestar profundo. Un grito, muchas veces inconsciente, que refleja una combinación peligrosa de desborde emocional, carencia de recursos simbólicos y ausencia de adultos significativos.

La historia de la infancia y de la familia, tal como la conocemos hoy, no ha sido siempre la misma. Como advierte la psicóloga Cohen Imach, el sentimiento de infancia es una construcción moderna. En otras épocas, los niños eran valorados por su rol dentro del linaje familiar; la infancia no existía como etapa diferenciada. Con el surgimiento de la familia nuclear, se consolidó una nueva forma de concebir al niño, como sujeto en desarrollo, merecedor de protección, educación y afecto. Esta estructura, sin embargo, se encuentra hoy en crisis. Familias desintegradas, vínculos inestables y un entorno hiperconectado pero emocionalmente vacío afectan de forma directa la salud mental de los adolescentes.

“Vivimos en una época de extremos: exceso de información, pero falta de escucha; exceso de discursos, pero escasez de vínculos; exceso de exigencia, pero poca contención.”

Según María Cristina Rojas, el modelo moderno de familia e infancia ha sido reemplazado por una estructura fragmentada, donde el afecto y la presencia real de los adultos han sido desplazados por las pantallas. En lugar de atención, los niños reciben dispositivos. En lugar de contención, se topan con la indiferencia. Y así, sin un adulto que escuche o traduzca el malestar en palabras, la violencia irrumpe como único modo posible de expresión.

La violencia planificada, aquella que implica amenazas a toda una comunidad escolar, y la violencia actuada, como una pelea o una agresión concreta, no son lo mismo. Pero ambas responden a un mismo fondo: la falta de recursos emocionales y la falta de adultos que sostengan. Vivimos tiempos de exceso; de información, de estímulos, de discursos. Pero también de carencias; de escucha, de vínculos genuinos, de límites claros.

Los adolescentes no nacen violentos. Actúan así porque no saben qué hacer con lo que sienten. Y lo hacen en un mundo en el que los adultos muchas veces han perdido el rumbo, han naturalizado la desconexión o han delegado su responsabilidad. La escuela queda, entonces, sola frente a un problema que le excede.

La prevención no empieza con el incidente violento. Comienza antes…en la mirada presente, en el adulto que escucha, en el límite que contiene sin lastimar. No se trata de justificar. Se trata de comprender. De intervenir, sí, pero también de preguntarse qué vínculo faltó, qué palabra no llegó, qué presencia se ausentó.

Un adolescente que amenaza con “masacrar” no está haciendo un chiste. Está diciendo, aunque mal, aunque tarde, que necesita ayuda. Lo mismo quien lleva un arma blanca; en su mundo interno, distorsionado, la violencia parece la única salida para recuperar control o ser visto.

“No alcanza con sancionar. No alcanza con suspender. No alcanza con separar. Y tampoco alcanza con más vigilancia o más cámaras.”

No alcanza con sancionar. No alcanza con vigilar. No alcanza con más cámaras. Si no se trabaja sobre el origen del malestar, el síntoma se repite. En otra escuela, con otro chico, con otro nombre.

El pacto entre escuela y familia, aquel que alguna vez dio sostén a la educación, necesita ser reconstruido. Porque la escuela no puede educar si la casa desautoriza. No puede contener si los adultos responsables están ausentes. No puede cuidar si está sola.

Educar hoy implica mucho más que enseñar contenidos. Implica enseñar a vivir con otros, a reconocer lo que se siente, a ponerlo en palabras. Implica, en definitiva, construir salud emocional. Y eso no es tarea de un solo actor, sino de toda la comunidad adulta.

Dos preguntas finales para abrir la reflexión:
– ¿Qué necesitan nuestros alumnos para no gritar con violencia?
– ¿Qué necesitan nuestros docentes para no agotarse en soledad?

La respuesta no es simple ni inmediata. Pero empieza por estar presentes. Porque si no estamos, el vacío lo ocupa cualquier cosa. Y no siempre lo que lo ocupa hace bien.

“Si no estamos presentes como adultos, el vacío lo llena cualquier cosa. Y no siempre lo que lo llena hace bien.”

Fernando Serrano Urdanibia
Psicólogo, especialista en adolescencia y psicoanálisis.

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Finca El Carmen: la historia de la única propiedad que compró el general Martín Miguel de Güemes

Ubicada al sur de la ciudad de Salta, la propiedad de 200 hectáreas fue bautizada en honor a su esposa, Carmen Puch. Durante los años de la Guerra Gaucha sirvió como campamento militar, punto estratégico de defensa y refugio familiar. Fue declarada Monumento Histórico Nacional y donada al Estado por su nieto.

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Conocido por su liderazgo invalorable en la Guerra Gaucha y por haber sido el sostén fundamental del plan libertador de José de San Martín, el general Martín Miguel de Güemes guarda también una faceta profundamente ligada a su ámbito familiar. En medio de las hostilidades y invasiones realistas que azotaban el norte argentino, el héroe salteño adquirió en 1814 la Finca El Carmen, la única propiedad inmueble que compró a lo largo de su vida.

La finca, que en el siglo XVIII perteneció a Pantaleón Aguirre, abarcaba una extensión de 200 hectáreas al sur del río Arenales y fue bautizada con ese nombre en homenaje a su esposa, Carmen Puch.

Cuartel estratégico y refugio de hogar

Más allá de su valor afectivo, la Finca El Carmen desempeñó un rol clave en la contienda de la Independencia. Por su ubicación geográfica, funcionó como guarnición militar y campamento de la caballería gaucha, sirviendo para el reabastecimiento de hombres, logística de caballos y planificación de emboscadas contra las tropas españolas.

Al mismo tiempo, la casa rural fue el hogar donde nacieron dos de los hijos del matrimonio y el refugio donde Carmen Puch permaneció resguardada junto a los pequeños mientras el prócer ejercía la gobernación de Salta y comandaba las acciones en el frente de batalla.

Arquitectura tradicional y preservación

La edificación histórica conserva los rasgos típicos de las antiguas casas de campo coloniales:

  • Estructura y muros: Construidos predominantemente en gruesos bloques de adobe.

  • Cubiertas: Techos con estructura de madera y tejas musleras.

  • Galerías: Orientadas al norte, características de la arquitectura rural salteña.

  • Entorno: Un paisaje que aún resguarda el carácter rural original del siglo XIX.

Su legado: Monumento Histórico y escuela agrícola

Tras el fallecimiento de Güemes en junio de 1821, la finca permaneció bajo dominio de sus descendientes durante décadas. En 1943 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Posteriormente, en 1946, su nieto Adolfo Güemes donó formalmente la propiedad al Estado Nacional con el compromiso de preservar la casona histórica y destinar el predio a la fundación de una escuela agrícola, permitiendo que la memoria del prócer continúe viva para las futuras generaciones.

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Por qué se regalan flores amarillas cada 21 de septiembre y cuánto cuestan en Salta

Impulsada por las redes sociales y la nostalgia televisiva, la costumbre de dar la bienvenida a la primavera con ramos amarillos se volvió un fenómeno popular. En las florerías salteñas, los precios van desde los $5.000 hasta arreglos de $50.000.

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Con la llegada de la primavera cada 21 de septiembre, las calles y las redes sociales de Argentina se tiñen de dorado. La costumbre de regalar flores amarillas —impulsada fuertemente por las generaciones jóvenes en plataformas como TikTok e Instagram— dejó de ser una moda pasajera para convertirse en una verdadera tradición urbana.

Por qué se regalan flores amarillas el 21 de septiembre: el legado de  Floricienta y la nueva tradición

El fenómeno tiene un sustento mediático directo en la cultura popular argentina. Se inspiró en la icónica tira juvenil Floricienta (protagonizada por Florencia Bertotti en 2004) y en su famosa canción «Flores Amarillas». En la ficción, el personaje principal soñaba con recibir este obsequio como una muestra cabal de amor puro y esperanza, una escena que reapareció con fuerza años después hasta transformarse en un ritual colectivo con el inicio del periodo lectivo y la estación primaveral.

¿Qué significan las flores amarillas?

Más allá del impacto televisivo y digital, el color amarillo carga con un profundo simbolismo emocional:

  • ☀️ Alegría y vitalidad: Transmite energía positiva, optimismo y la renovación propia del cambio de estación.

  • 🤝 Amistad y lazos sinceros: Tradicionalmente, las flores de este tono refuerzan el afecto entre amigos y seres queridos.

  • 🌱 Amor y nuevos comienzos: En el plano de la pareja, regalar flores amarillas simboliza la promesa de un futuro compartido y floreciente.

Las opciones más buscadas y los precios en Salta

En las floristerías de la provincia de Salta, las flores más demandadas para esta fecha son los girasoles (asociados a la calidez), las rosas amarillas y los tulipanes.

En cuanto a los valores en el mercado local:

  • Opciones económicas: Arreglos individuales o detalles sencillos parten desde los $5.000.

  • Girasoles: Un ejemplar individual cotiza alrededor de los $10.000.

  • Rosas amarillas: Un ramo de 3 rosas ronda los $15.000, mientras que la presentación de 6 unidades alcanza los $25.000.

  • Ramos elaborados: Arreglos florales de mayor tamaño o combinación de variedades alcanzan hasta los $50.000.

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El tesoro escondido de Salta de solo 190 habitantes que enamora al mundo y aspira a un premio internacional

Enclavado en los Valles Calchaquíes, este rincón de casas de adobe y calles de tierra conserva la calma de antaño. Reconocido como la «Cuna del Poncho Salteño», fue nominado por ONU Turismo entre los mejores pueblos del planeta.

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En pleno corazón de los Valles Calchaquíes, protegido por el abrazo de las montañas precordilleranas, existe un rincón salteño donde el tiempo parece haberse detenido. Con una población urbana de tan solo 190 habitantes, este pintoresco destino invita a bajar las revoluciones, alejarse del bullicio urbano y redescubrir la autenticidad del Norte Argentino.

Se trata de Seclantás, una localidad que mantiene vivas sus costumbres ancestrales y que se posiciona como una alternativa ideal para quienes buscan una escapada de paz absoluta. A su reducido casco urbano se le suma un millar de pobladores repartidos en la zona rural, conformando una comunidad donde la cultura, el trabajo artesanal y la hospitalidad son moneda corriente.

Cómo llegar a Seclantás en Salta.

Caminar por las calles de Seclantás es adentrarse en la historia viva de la región. Sus construcciones tradicionales con galerías, muros de adobe y techos de barro ofrecen un marco único con los picos andinos como telón de fondo.

Sin embargo, su mayor orgullo reside en los patios de sus casas, donde los maestros teleros mantienen encendido el legado del telar criollo. Distinguido popularmente como la “Cuna del Poncho Salteño”, el pueblo resguarda la elaboración técnica de la prenda más emblemática de la provincia, transmitida celosamente de generación en generación.

Esta idílica combinación de identidad, patrimonio cultural y vida comunitaria llevó a Seclantás a ser seleccionado como candidato argentino al programa Best Tourism Villages de ONU Turismo, un certamen global que premia a las comunidades rurales que protegen sus raíces y entorno natural.

La propuesta se completa con una gastronomía autóctona marcada por los sabores regionales y recetas preparadas a fuego lento en hornos de barro. Ubicado a poco más de 180 kilómetros de Salta Capital, se accede iniciando el recorrido por la Ruta Nacional 68 para luego internarse en el circuito de los Valles Calchaquíes, combinando en el camino quebradas, viñedos de altura y la calidez inolvidable de sus 190 vecinos.

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