En momentos donde el sistema de salud pública provincial atraviesa una de las crisis financieras más agudas de los últimos años, luchando a diario por sostener guardias, comprar insumos básicos y garantizar la atención básica, la Asociación Salteña de Anestesia, Analgesia y Reanimación (ASAAR) decidió volver a golpear a los pacientes más vulnerables. A través de un comunicado enviado a las gerencias de todos los nosocomios salteños, la entidad corporativa anunció la suspensión indefinida de los servicios en cirugías programadas, limitándose a cubrir únicamente casos de extrema urgencia.
La medida de fuerza indigna por donde se la mire y deja al descubierto una enorme brecha ética respecto al resto del equipo de salud. Mientras un médico cirujano, un pediatra o una enfermera de planta cobran sueldos rezagados por cumplir jornadas extenuantes, la casta anestesiológica exige aún más aumentos imponiendo aranceles millonarios. Según datos e informes oficiales del Ministerio de Salud Pública de Salta, una sola práctica o cirugía de mediana o alta complejidad se paga alrededor de $1.500.000 pesos, un monto que equivale al salario mensual total de cualquier otro profesional de la salud pública.
Lejos de solidarizarse con la golpeada realidad comunitaria, la entidad gremial explota al máximo una posición de monopolio y extorsión técnica: en toda la provincia hay menos de 70 anestesiólogos para más de 60 hospitales. Apoyados en esa escasez calificada, imponen convenios especiales, módulos de guardias y traslados donde algunos especialistas han llegado a facturar cifras que van desde los $3 millones hasta montos mensuales enormemente superiores.
Las consecuencias de este apriete corporativo ya se sienten en los pasillos de hospitales clave como el Materno Infantil y el San Bernardo, donde decenas de vecinos de escasos recursos ven canceladas sus operaciones programadas, debiendo soportar dolores crónicos o la prolongación de sus patologías. Ante un sistema de salud que hace malabares para mantenerse en pie, la postura intransigente de los anestesiólogos vuelve a poner el lucro individual por encima de la vida y el derecho a la salud de miles de salteños.