Rosario de la Frontera volvió a latir al ritmo de la fe más viva. Una verdadera marea humana compuso una postal conmovedora de unidad y esperanza, caminando codo a codo en una de las manifestaciones religiosas más representativas y arraigadas de la región.
Con cánticos, pañuelos blancos al viento y lágrimas de gratitud, miles de fieles partieron desde las puertas del templo céntrico de Nuestra Señora del Rosario acompañando la sagrada imagen. El trayecto hacia el predio de Las Termas —un marco natural flanqueado por la vegetación del cerro— se transformó en un cauce de oraciones compartidas, donde cada paso representó una promesa, un pedido de auxilio o un gesto de agradecimiento.
Un siglo de fe, misterio y devoción en el Cerro Termas
La veneración por la Virgen de la Montaña hunde sus raíces en la historia misma del departamento. Legendarias crónicas transmitidas por generaciones narran que la imagen esculpida en mármol apareció misteriosamente en una gruta natural rodeada de manantiales termales, convirtiéndose desde entonces en un faro espiritual para la comunidad.
Cada año, la mística del sendero que asciende por la serranía revive ese vínculo indisoluble entre el pueblo rosarino y su protectora. Abuelos que caminan con la fuerza de la costumbre, jóvenes que cargan en sus espaldas las intenciones de sus familias y niños que descubren el valor de la tradición, dieron testimonio de que la devoción mariana sigue más firme que nunca.
En la gruta del cerro, el emotivo encuentro final congregó a peregrinos locales y a visitantes de toda la provincia, quienes elevaron un pedido unánime por la bendición de las familias, el trabajo, la salud y la paz de todo Rosario de la Frontera.