En la manifestación de fe popular más imponente de la región, alrededor de 680 mil fieles y peregrinos colmaron las calles de la Capital provincial para participar de la procesión en honor al Señor y la Virgen del Milagro y renovar el histórico Pacto de Fidelidad.
El gobernador Gustavo Sáenz, acompañado por su esposa Elena Cornejo, realizó todo el trayecto procesional junto a representantes de las delegaciones de peregrinos de Morillo y la Quebrada de Escoipe. La jornada comenzó con la emotiva salida desde la Catedral Basílica de la Cruz Mayor, la Virgen de las Lágrimas, la Virgen del Milagro y el Señor del Milagro, bajo el estruendo de las campanas y el saludo de la multitud.

En la ceremonia central realizada al pie del Monumento 20 de Febrero y haciendo referencia al lema 2026 —“Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”—, el Arzobispo de Salta, Monseñor Mario Cargnello, ofreció una homilía cargada de reflexiones sociales y éticas.
«Estamos divididos entre hermanos, en nuestras familias y en nuestro país, pero en lo profundo del corazón anhelamos la paz», afirmó el prelado, al tiempo que advirtió que la mentira y la calumnia «corrompen la economía y la política, deshumanizándonos a pasos agigantados». Asimismo, el arzobispo calificó al narcotráfico como un negocio genocida e infame, pidiendo alzar la voz por los jóvenes atrapados en las adicciones.
Posteriormente, el Arzobispo guió la emotiva lectura de la formulación del Pacto de Fidelidad: «Prometiendo que Vos, dulce Jesús, serás siempre nuestro y que nosotros seremos siempre tuyos… Señor del Milagro, salvad y bendecid a nuestro pueblo».
Tras la interpretación del Himno Nacional a cargo de la banda militar «Coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos», las Sagradas Imágenes emprendieron el regreso a su santuario. Frente al atrio de la Catedral, Monseñor Cargnello otorgó la bendición con indulgencia plenaria y agradeció a los equipos de trabajo e instituciones, destacando el acompañamiento del Gobierno provincial. Finalmente, entre lágrimas, vivas, campanas y una emotiva lluvia de pétalos de flores, el pueblo salteño despidió a sus Patronos hasta el próximo año.