En el corazón de la inmensidad puneña, donde el viento sopla fuerte y el aire se vuelve escaso, volvió a encenderse la llama de una fe que no conoce de distancias ni fronteras. Este miércoles, pasadas las 14 horas, alrededor de 60 peregrinos de Antofagasta de la Sierra dieron el primer paso de una de las caminatas más conmovedoras, extensas y desafiantes en honor al Señor y la Virgen del Milagro.
El arranque estuvo cargado de una profunda emotividad. Entre abrazos apretados, lágrimas de despedida y oraciones compartidas, más de 120 personas —entre caminantes, familiares y amigos— acompañaron los primeros tramos del trayecto, demostrando que en el Milagro nadie camina solo.
En su primera jornada, la columna completó cerca de 18 kilómetros a pie hasta alcanzar el paraje Paicuqui, lugar donde pernoctaron para recuperar fuerzas, abrigarse del frío de la puna y continuar la marcha con el alma encendida.

Esta primera columna es tan solo la semilla de una gran marea de devoción. Con el correr de los días y el avance por la geografía andina, nuevos promesantes de parajes y localidades vecinas se irán sumando a la marcha, hilvanando historias de gratitud, peticiones y promesas.
El objetivo intermedio de la travesía es arribar el 9 de septiembre a San Antonio de los Cobres. Allí, la delegación se fundirá en un abrazo fraterno con la multitudinaria y emblemática peregrinación de la Puna salteña para marchar juntos, como una sola gran familia de fe, hacia los pies de las sagradas imágenes en la capital provincial.
A través del polvo del camino, el cansancio físico y el esfuerzo supremo de cada zancada, los peregrinos de la Puna vuelven a escribir una lección imborrable de amor, esperanza y resistencia: paso a paso, kilómetro a kilómetro, con el corazón puesto en el Milagro.