En el momento culminante de las festividades patronales de este 15 de septiembre, miles de salteños y peregrinos se congregaron en el Parque 20 de Febrero para renovar el histórico Pacto de Fidelidad con el Señor y la Virgen del Milagro. En ese escenario cargado de emotividad, el arzobispo de Salta, Monseñor Mario Antonio Cargnello, pronunció un homilía con profundas apelaciones a la realidad social, la ética pública y la convivencia nacional.
El prelado inició su intervención describiendo un contexto social marcado por la fragmentación: «Experimentamos la división dentro nuestro y entre nosotros, estamos divididos entre hermanos, en las familias, en nuestros pueblos, en nuestro país, en el mundo. Mientras, en lo profundo de nuestro corazón anhelamos la paz», expresó ante la multitud.
La mentira, la agresión y el llamado a la dirigencia
En uno de los pasajes más duros de su mensaje, Cargnello sostuvo que la mentira deteriora los vínculos de la comunidad y advirtió enfáticamente que «prostituye la economía y la política». Frente al clima de hostilidad verbal, el arzobispo interpeló a los medios de comunicación y a la clase dirigente para que contribuyan a generar espacios de diálogo y serenidad.
«Recordemos que la agresión es signo de debilidad y no de fortaleza; nuestra patria necesita ser fuerte», remarcó el líder eclesiástico, añadiendo que la grandeza moral de una nación se mide en su capacidad para proteger a los sectores en mayor situación de fragilidad. Asimismo, instó a «confiar en el valor de la justicia y soñar con una Argentina mejor».
Lucha contra las drogas y mensaje a la juventud
Hacia el tramo final de la ceremonia, el arzobispo puso foco en la problemática de las adicciones y pidió no naturalizar el avance de los estupefacientes en los barrios. En ese marco, calificó de manera contundente al narcotráfico como «genocida» por los devastadores efectos que genera en la sociedad.
Finalmente, Cargnello dedicó palabras especiales a los jóvenes, a quienes convocó a apartarse de la cultura narcisista y a no tener miedo al amor verdadero ni a la construcción de proyectos basados en el respeto mutuo y la familia.