La media sanción de la Reforma Laboral en la Cámara de Diputados no habría sido posible sin un componente geográfico específico: el apoyo unánime de los representantes de Salta. En una provincia donde el empleo público y la protección del trabajador son pilares de la economía familiar, el voto a favor de los siete legisladores salteños ha encendido una mecha de indignación en los sectores sindicales.
El caso más llamativo es el de los diputados Pablo Outes, Yolanda Vega y Bernardo Biella. Mientras el primero afirmaba en su discurso que «el modelo de Milei está fracasando», minutos después apretaba el botón verde para entregarle al Ejecutivo las herramientas para profundizar ese mismo modelo. Esta postura ha sido calificada por la oposición como una «entrega de derechos» a cambio de promesas presupuestarias para la provincia.
Por su parte, el bloque de La Libertad Avanza (Zapata, Moreno, Flores y Bruno) mantuvo su alineamiento ideológico, pero enfrenta el cuestionamiento de una base electoral que empieza a sentir el rigor de la inflación y la desregulación.
La pregunta que resuena hoy en la provincia es: ¿A cambio de qué se entregaron las conquistas históricas de los trabajadores? Mientras el oficialismo festeja un «trofeo» político para el 1° de marzo, miles de salteños aguardan el impacto de una ley que flexibiliza la jornada, elimina estatutos profesionales y desfinancia el sistema previsional.