La despedida de Carlos Alberto «El Indio» Solari en el Microestadio Gatica de Villa Domínico expuso un fenómeno que, para historiadores y analistas políticos, desborda la lógica habitual de un funeral y se adentra de lleno en la zona de los ritos de pertenencia colectiva. Miles de personas se reunieron de forma masiva y pacífica para homenajear a un músico al que varias generaciones convirtieron en memoria compartida e identidad común, más allá de las fronteras de la política.
La dimensión de la convocatoria quedó reflejada en la escala del operativo y de la escena urbana: voceros del Ministerio de Seguridad estimaron una movilización cercana al millón de personas, mientras que la fila de fanáticos para ingresar al predio superó las 70 cuadras, extendiéndose hasta el Puente Pueyrredón y el límite con la Ciudad de Buenos Aires. Debido a la incesante llegada de seguidores en vigilia desde la noche del sábado, las autoridades municipales se vieron obligadas a abrir las puertas el domingo a las 10:00 de la mañana, una hora antes de lo previsto, evaluándose la posibilidad de extender el acceso hasta el lunes o martes debido a que el recinto tiene una capacidad para solo 180 personas en forma simultánea.
Según los datos de la supuesta crónica del deceso, el fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota habría sido hallado sin vida el viernes 5 de junio, alrededor de las 9:00 de la mañana, en la pileta de su residencia de Parque Leloir, partido de Ituzaingó, determinándose mediante autopsia que la causa del fallecimiento fue un accidente cerebrovascular.
La mirada de los especialistas: Un lazo simbólico e irracional
Ante el abrumador impacto de la movilización, diversos intelectuales coincidieron en inscribir la despedida del cantante en una secuencia muy poco frecuente de manifestaciones populares en la historia argentina, trazando paralelismos con figuras históricas situadas por fuera de la política tradicional.
El escritor e historiador Pacho O’Donnell destacó la dificultad de hallar precedentes lineales:
“Es difícil encontrar algo parecido. Me resulta muy impresionante. Se pueden inventar explicaciones, pero hay algo ahí que va más allá de lo racional. Tiene que ver con lo que representa: el alma de un pueblo”.
O’Donnell aportó además un matiz generacional, señalando que la mayoría de los asistentes al velatorio promediaban los 40 años o más, una franja etaria que, según su lectura, acudió a despedir “algo amado y perdido de la juventud”, mixturando recuerdos, rebeldía e ilusiones.
Por su parte, el politólogo Andrés Malamud atribuyó la masividad al «sentimiento de comunidad» y la urgencia de compartir el duelo en agradecimiento a lo que definió como «nuestro único héroe en este lío». Malamud descartó cualquier tipo de traducción electoral o cambio de humor político derivado del evento, y colocó la dimensión de la jornada a la par de los históricos funerales de Eva Perón en 1952 y de Diego Maradona.
Cabe destacar que los funerales de Estado de Evita (cuyo velatorio duró 14 días y congregó a más de dos millones de personas) y de Juan Domingo Perón en 1974 (que reunió a más de un millón en el Congreso) estuvieron históricamente atravesados por una fuerte mística e institucionalidad política.
De Jorge Newbery a Carlos Gardel: Los ídolos populares
El historiador Daniel Balmaceda diferenció el contexto político de Evita y precisó que, al analizar ídolos de la cultura o el deporte, el fenómeno remite de forma directa a las muertes de Jorge Newbery en 1914 y de Carlos Gardel en 1935. En su reconstrucción, Balmaceda recordó que la trágica muerte de Newbery en Mendoza derivó en un funeral muy sentido por el pueblo en Buenos Aires, mientras que el velatorio de Gardel en el Luna Park y su cortejo por la avenida Corrientes hacia el cementerio de Chacarita quedaron grabados como las movilizaciones más gigantescas hasta esa época.
En consonancia, el historiador Eduardo Lazzari remarcó que Jorge Newbery constituyó “el primer ídolo popular que tuvo la Argentina no vinculado a la política”. Para ilustrar la potencia de aquel lazo civil, recordó que en 1914 el traslado ferroviario de los restos de Newbery desde Mendoza demoró un día y medio en lugar de las 12 horas previstas, debido a que la gente se subía a las vías en cada pueblo para obligar al tren a detenerse y poder rendirle honores. Sobre Gardel, Lazzari rememoró que el cuerpo llegó al puerto de Buenos Aires siete meses después de su fallecimiento en Medellín, generando una concentración inédita en las terminales portuarias y un cortejo fúnebre tan lento hacia Chacarita que provocó que varios coches de acompañamiento se fundieran en el trayecto.
Finalmente, Lazzari ensayó una lectura social sobre el rol contemporáneo del líder ricotero, sugiriendo que el fenómeno radica en la persistencia de un vínculo donde la música ocupó un espacio de representatividad cuando las estructuras tradicionales fallaron.
“Hoy muchos testimonios decían ‘fue nuestra voz’. Fue el momento en el que la política dejó de representar a los que quedaron afuera… Hay un fenómeno social potentísimo, que no lo buscan, porque los Redondos no cambiaron”, afirmó Lazzari, concluyendo que la influencia del artista fue tal que incluso “llevó a Borges a quienes nunca sabían quién era Borges”.
/Infobae