El gobierno de Javier Milei autorizó, mediante el PAMI y otros organismos nacionales, la adjudicación de un contrato millonario a una clínica de gestión privada vinculada directamente a los hermanos Manuel y Alba Quintar, dirigentes jujeños con fuerte influencia dentro del oficialismo, para auditar los certificados de invalidez de más de 80 mil beneficiarios del norte argentino. La maniobra, que responde al pretexto de detectar supuestas irregularidades en el otorgamiento de pensiones por discapacidad, está envuelta en una trama de poder, negocios familiares y desplazamientos forzados de pacientes hacia centros médicos con fines de lucro, bajo control directo de dirigentes oficialistas.
El diputado nacional Manuel Quintar, hombre de máxima confianza de Karina Milei en el norte del país, figura como el principal impulsor de esta estructura paralela de auditorías. Su hermana, Alba Quintar, candidata a diputada, admitió públicamente la existencia del convenio, aunque intentó deslindar su responsabilidad atribuyéndole “todo el manejo” a su hermano.
La clínica que concentra las revisiones médicas es Los Lapachos, de origen privado, con sede en Jujuy. Según registros oficiales, la misma pertenece a la familia Quintar y fue inscripta con anterioridad bajo otras razones sociales que acumularon deudas impagas. En los años noventa, operaba como Sanatorio Quintar, entidad que quebró dejando compromisos sin saldar. Lejos de retirarse del rubro, los mismos actores reanudaron la actividad médica bajo nueva denominación, manteniendo la estructura comercial intacta.
De la casta al círculo íntimo: la doble vara del mileísmo
El Gobierno nacional removió al Dr. López Alcobendas de su cargo en PAMI Salta para allanar el camino a este nuevo esquema, que terceriza funciones estatales en beneficio de intereses privados. La decisión encendió alertas en distintos sectores del sistema de salud provincial, que comenzaron a recibir denuncias de personas con discapacidad derivadas a clínicas jujeñas bajo amenaza de perder la pensión si no se presentaban a las auditorías.
Las condiciones impuestas a los beneficiarios incluyen el pago de estudios médicos en instituciones privadas designadas arbitrariamente por el propio Estado nacional. Muchos de ellos deben recorrer largas distancias para ser examinados por profesionales que no conocen, en clínicas ajenas a su provincia y sin posibilidad de recurrir a una segunda evaluación independiente. Esta situación fue denunciada formalmente por el diputado salteño Gustavo Dantur, quien elevó un reclamo institucional al Gobierno nacional exigiendo el cese inmediato de estas prácticas.
El modelo libertario de gestión: negocios privados con fondos públicos
El núcleo del escándalo radica en el entrecruzamiento de funciones públicas con negocios privados. La empresa Los Lapachos —ahora beneficiaria del convenio con la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS)— no solo está administrada por personas del entorno íntimo de Karina Milei, sino que además concentra poder territorial al haber tomado control del PAMI jujeño a través de designaciones impulsadas por el propio Manuel Quintar. El jefe local del organismo, Evaristo Bautista, es a su vez administrador de la clínica. Es decir, el mismo funcionario público que debería fiscalizar el proceso es socio operativo del prestador privado que realiza las auditorías. Un conflicto de intereses abierto, grosero y sin precedentes.
Silencio oficial y encubrimiento mediático
La gravedad institucional del caso no encontró aún respuesta en los principales canales oficiales del Gobierno nacional. Desde la Presidencia, mantienen silencio sobre la denuncia, mientras su operador en el norte argentino consolida una red de poder económico y político que multiplica su influencia bajo el paraguas del discurso libertario. En nombre de la eficiencia, se están cerrando circuitos de control que excluyen a los más débiles y consolidan mecanismos de favoritismo hacia dirigentes oficialistas y sus entornos familiares.
Lejos de combatir a “la casta”, como se proclamó en campaña, el actual modelo de gestión consolida nuevas formas de concentración de recursos públicos en manos privadas, vinculadas directamente con el poder político. La estructura montada en torno a las auditorías de discapacidad, con derivaciones forzadas, pagos directos por parte de los beneficiarios y control total de los actores que definen y ejecutan el proceso, evidencia una trama de negocios familiares que opera sin controles, con total respaldo oficial.
El ajuste como pantalla del privilegio
Mientras el presidente Milei denuncia “el curro de la política” y justifica recortes en salud, jubilaciones, educación y asistencia social, su entorno más próximo utiliza el aparato estatal para consolidar negocios personales, familiares y partidarios. En este modelo, la auditoría de discapacidad —una herramienta necesaria si se ejerce con transparencia— se convierte en un instrumento de extorsión y enriquecimiento para sectores ligados al poder libertario.
El caso Quintar pone al descubierto que el ajuste no es parejo, ni neutral, ni transparente. Es selectivo. Y detrás de ese ajuste, florecen nuevos privilegios, nuevos nombres, pero los mismos métodos; concentración, acomodo, desprotección del débil y blindaje del poderoso. Una práctica vieja, con disfraz nuevo.
Y es allí donde el discurso libertario naufraga ante los hechos. Porque mientras los sectores vulnerables deben pagar sus propios estudios para no perder una pensión, los amigos del poder hacen negocios con su padecimiento. Porque mientras se expulsa al que menos tiene, se protege al que más influencia ostenta. Porque mientras se declama “libertad”, se encierra al ciudadano en una red de favores, amenazas y clínicas obligadas.
Y eso, más que un modelo de gestión, es un símbolo de impunidad.