Hay derrotas que no apagan la gloria, y hay subcampeonatos que valen el amor eterno de toda una nación. Este lunes por la tarde, en una jornada cargada de magnetismo y sensibilidad a flor de piel, el plantel de la Selección Argentina regresó al país tras disputar la final de la Copa del Mundo 2026. El charter de Aerolíneas Argentinas tocó la pista del Aeropuerto Internacional de Ezeiza pasadas las 18:00 horas, donde la comitiva fue recibida por un imponente gesto desde el aire: un gigantesco «¡¡GRACIAS!!» pintado a lo largo de 150 metros sobre el césped de la pista, una obra de bienvenida que demandó tres días de trabajo y más de 20 latas de pintura.
Dentro de la aeronave, el clima reflejaba el cansancio y el impacto anímico de haber rozado la gloria. Con los rostros serios, ojos hinchados y una tristeza contenida, el cuerpo técnico liderado por Lionel Scaloni y los futbolistas pisaron suelo argentino. La delegación contó con algunas ausencias esperadas, entre ellas la de Lionel Messi y Rodrigo De Paul, quienes junto a otros cuatro integrantes del plantel tomaron otros rumbos tras el torneo; pero la presencia de Scaloni y del presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, encabezó el conmovedor desembarco. Previamente, una segunda aeronave ya había trasladado a las familias de los deportistas, quienes aguardaban en el predio de Ezeiza para sostener el reencuentro más esperado.
Sin embargo, lo que aguardaba fuera de la pista fue una verdadera manifestación de amor popular. Miles de personas, familias enteras con banderas, camisetas albicelestes y lágrimas cayéndoles por las mejillas, desbordaron los accesos y las inmediaciones del aeropuerto Ministro Pistarini para gritarle al equipo que no hay nada que reprochar.
A medida que el micro de la delegación asomaba entre la multitud, la tristeza de los jugadores empezó a quebrarse frente a semejante demostración de afecto. El llanto contenido de los futbolistas se mezcló con los cánticos desbordados de la gente, generando un festejo paradójico y profundamente emotivo, donde el dolor de la final perdida se disolvió en el calor de una multitud que los ovacionó de pie. Argentina los recibió como lo que son: héroes deportivos que volvieron a dejar la bandera en lo más alto de la consideración mundial.