La creciente preocupación por los problemas de salud mental que afectan a la juventud de Metán captó la atención de profesionales como Valeria Febes, licenciada en Educación Especial, quien se desempeña actualmente en Salta Capital. A pesar de la distancia, Febes sigue de cerca la situación de su ciudad natal y expresó su alarma por los casos de suicidios y crisis emocionales que afectan a los jóvenes de la región.
«Es una problemática que me preocupa demasiado», afirmó Febes, quien lleva años trabajando en el ámbito de la salud mental. Según la especialista, los jóvenes de Metán enfrentan desafíos emocionales complejos, que van desde el bullying y las adicciones hasta los efectos del uso excesivo de las redes sociales. Si bien se ha comenzado a trabajar de forma interinstitucional para abordar estos problemas, Febes sostiene que aún falta una política pública clara que permita enfrentar la situación de manera efectiva.
La licenciada destacó que la llegada de las vacaciones escolares podría agravar aún más la situación, ya que los jóvenes, fuera del ámbito escolar, pueden sentirse más desbordados. “Es un momento crítico en el que, sin la estructura del colegio, los chicos pueden quedar más vulnerables. Por eso, necesitamos abordar la problemática desde un enfoque integral, que involucre a las familias, la escuela y la sociedad en general”, señaló.
Febes propuso que, además de las campañas de concientización y los talleres en las escuelas, las familias deben asumir un rol activo en la detección de señales de alarma y en el acompañamiento emocional de los jóvenes. Según la especialista, una intervención temprana es clave para evitar que los problemas emocionales escalen.
Uno de los puntos más críticos que destacó es la falta de comunicación entre los jóvenes y sus familias, así como la importancia de detectar cambios en el comportamiento de los adolescentes. «Cuando un niño cambia drásticamente de actitud, es necesario indagar qué está sucediendo en su entorno familiar y escolar. Nadie cambia tan abruptamente sin una razón. Es fundamental prestar atención a esos pequeños cambios», subrayó la licenciada.
En este sentido, hizo un llamado a los docentes y psicólogos a estar alerta a las señales de los estudiantes y actuar como los primeros en detectar posibles crisis emocionales. Además, enfatizó que tanto los padres como los profesionales de la salud deben colaborar para brindar el apoyo necesario.
Otro factor que Febes identificó como un agravante de esta crisis es el impacto negativo de las redes sociales y el internet en los jóvenes. Según la especialista, muchas veces los adolescentes son influenciados por desafíos y modas peligrosas que se difunden en internet, o bien sufren de grooming y bullying a través de las plataformas digitales.
«Las redes sociales pueden ser un espacio de apoyo, pero también son un campo de vulnerabilidad para los adolescentes. Necesitamos que los padres y docentes estén más involucrados en el mundo digital de los jóvenes para evitar que caigan en situaciones de riesgo», apuntó Febes.
Sin embargo, otro de los principales obstáculos que enfrenta la comunidad es la falta de recursos. «No contamos con suficientes profesionales en salud mental y aquellos que están disponibles piden carpeta médica», explicó. Ante esta escasez, Febes se ha dedicado a trabajar de forma personal y gratuita con jóvenes y sus familias, aunque lamentó que no todos los profesionales puedan hacer lo mismo.
Finalmente, propuso la creación de una línea telefónica de emergencia para jóvenes que atraviesan crisis emocionales, similar a las que existen para situaciones de violencia. «Es fundamental que los chicos puedan tener acceso rápido a ayuda profesional en el momento en que más lo necesiten», expresó. Además, llamó a las autoridades locales a poner en marcha políticas públicas de salud mental más eficaces, que no solo aborden la crisis en el corto plazo, sino que también busquen soluciones estructurales a largo plazo.